prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hubo esa noche que extirpamos del cielo.
El mendigo y su olor a infancia,
la flauta como un hábitat de gorriones heridos
y olas que, besando tus pies, lograron ser más altas que el olvido.
Alguien dejaba que la tarde se alargase sobre tu piel
como el brillo de una roca entre silencios.
Y mi infancia, su olor a mendigo
perfumando tus bragas, tamborileando como naranjas caídas
en tu vientre.
Entonces los dedos no sabían la definición exacta de una caricia.
¡Ah, el mar comienza devolver los cadáveres!
Hay huesos y agujas de reloj
sembradas en el lodo
y una inminente guerra mundial nubla al futuro.
Hubo esa noche que borramos del mapa del tiempo.
Es lo único que queda entre las calumnias del recuerdo.
La premura de habernos amado impide evaluar la mortalidad de los cisnes.
El mendigo y su olor a infancia,
la flauta como un hábitat de gorriones heridos
y olas que, besando tus pies, lograron ser más altas que el olvido.
Alguien dejaba que la tarde se alargase sobre tu piel
como el brillo de una roca entre silencios.
Y mi infancia, su olor a mendigo
perfumando tus bragas, tamborileando como naranjas caídas
en tu vientre.
Entonces los dedos no sabían la definición exacta de una caricia.
¡Ah, el mar comienza devolver los cadáveres!
Hay huesos y agujas de reloj
sembradas en el lodo
y una inminente guerra mundial nubla al futuro.
Hubo esa noche que borramos del mapa del tiempo.
Es lo único que queda entre las calumnias del recuerdo.
La premura de habernos amado impide evaluar la mortalidad de los cisnes.