L
Luis Delamar
Invitado

La puerta del alba.
(Soneto en tridecasílabos)
Quiso el diablo indultarme de aciaga condena
y me dijo al oído: ¡Levanta, camina!,
rescaté mi cadáver de aquella letrina
y vestí el crisantemo de blanca azucena.
Huracán me pensaba, yo, duna de arena
un halcón me creía, mas fui golondrina;
resultó ser melaza la amarga quinina
y un liviano rasguño mi horrenda gangrena.
Cuantas veces, la puerta del alba se atora
o no acierta la llave con su cerradura,
o no hallamos la lezna que el marco taladre,
y no vemos el labio que nos enamora
ni la risa de un hijo tan párvula y pura
ni la mano de un hada con rostro de madre.
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