edelabarra
Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema
El encabalgamiento:
Según José Dominguez Caparrós, en su Métrica Española, las pausas en la estrofa obedecen a razones rítmicas y no siempre coinciden con la forma de la sintaxis o idea terminada en cada verso. Cuando se da el desajuste entre la pausa versal y la sintáctica, se produce el encabalgamiento.
Ejemplo:
¡Oh miserables hados, oh mezquina
suerte, la del estado humano, y dura,
do por tantos trabajos se camina,
y agora muy mayor la desventura
de aquesta nuestra edad cuyo progreso
muda de un mal en otro su figura. (Garcilaso, Elegía I)
La pausa al final de los versos 1º, 4º y 5º, rompe la unidad de las expresiones marcadas en rojo, que están estrechamente ligadas desde el punto de vista sintáctico.
Estas expresiones son en general las formadas por adjetivo y sustantivo, sustantivo y complemento, sujeto y verbo.
En general sucede o es necesario el encabalgamiento, cuando la idea a expresar es más larga que el verso.
Su uso es muy antiguo, Antonio Quilis (1965), llegó a las siguientes conclusiones:
1) El fenómeno existe desde las primeras manifestaciones de la poesía castellana
2) El encabalgamiento es propio de la poesía culta.
3) Recién en el siglo XVI, se usa como recurso expresivo consciente.
Aunque es difícl fijar límites precisos para el encabalgamiento, hay grupos de palabras que la norma de la lengua hablada no permite separar con un descanso.
Según Quilis, son grupos inseparables por pausa (sirremas),
los formados por:
Sustantivo y adjetivo (casa blanca);
Sustantivo y complemento determinativo (casa de madera);
Verbo y adverbio (viene pronto);
Pronombre átono, preposición, conjunción, artículo más el elemento que sigue (lo vio, por el campo, aunque vino);
Tiempos compuestos de los verbos y perífrasis verbales (había venido, tenía que venir);
Palabras que rigen complemento preposicional (hablar de política);
Oraciones adjetivas especificativas (los estudiantes que son constantes aprueban); (Quilis, 1984)
Y por supuesto tampoco se hace pausa en el interior de una palabra.
El encabalgamiento es abrupto, cuando la unidad sintáctica del final del primer verso (verso encabalgante), se prolonga en el verso siguiente (verso encabalgado), pero termina antes del final del mismo.
(Fernando de Herrera).
infinito prolóngase y se extiende.
(Espronceda, El estudiante de Salamanca)
Alza tu pie su íntimo
sonido descansado.
...
Fue una alegría que dolió de tanto
encenderse, reírse, dilatarse
(Miguel Hernandez, Cancionero y romancero de ausencias)
vi dos perros jugar a la pelota;
vi dos muchachos muertos por un gallo;
vi dos pollos mandar la Sacra Rota;
vi al Padre Santo tragarse dos navíos;
vi al alto mar de miel y leche lleno;
vi un botijo fingir muchos desvíos;
vi a una dama comer tan sólo heno;
vi a una vaca cantar con melodía;
vi a un sacristán en coro todo el día.
En realidad se debe leer así:
Lo que yo vi
Yo ví un toro bramar; desde un nublado
vi salir fuego; de una cantimplora
vi dar agua de nieve; en un arado
vi dos bueyes; hablar a una señora
vi a un mancebo; comiéndose a un caballo
vi dos perros; jugar a la pelota
vi dos muchachos; muertos por un gallo
vi dos pollos; mandar la Sacra Rota
vi al Padre Santo; tragarse dos navíos
vi al alto mar; de miel y leche lleno
vi un botijo; fingir muchos desvíos
vi a una dama; comer tan sólo heno
vi a una vaca; cantar con melodía
vi a un sacristán; en coro todo el día.
Un saludo cordial,
Eduardo de la Barra
Según José Dominguez Caparrós, en su Métrica Española, las pausas en la estrofa obedecen a razones rítmicas y no siempre coinciden con la forma de la sintaxis o idea terminada en cada verso. Cuando se da el desajuste entre la pausa versal y la sintáctica, se produce el encabalgamiento.
Ejemplo:
¡Oh miserables hados, oh mezquina
suerte, la del estado humano, y dura,
do por tantos trabajos se camina,
y agora muy mayor la desventura
de aquesta nuestra edad cuyo progreso
muda de un mal en otro su figura. (Garcilaso, Elegía I)
La pausa al final de los versos 1º, 4º y 5º, rompe la unidad de las expresiones marcadas en rojo, que están estrechamente ligadas desde el punto de vista sintáctico.
Estas expresiones son en general las formadas por adjetivo y sustantivo, sustantivo y complemento, sujeto y verbo.
En general sucede o es necesario el encabalgamiento, cuando la idea a expresar es más larga que el verso.
Su uso es muy antiguo, Antonio Quilis (1965), llegó a las siguientes conclusiones:
1) El fenómeno existe desde las primeras manifestaciones de la poesía castellana
2) El encabalgamiento es propio de la poesía culta.
3) Recién en el siglo XVI, se usa como recurso expresivo consciente.
Aunque es difícl fijar límites precisos para el encabalgamiento, hay grupos de palabras que la norma de la lengua hablada no permite separar con un descanso.
Según Quilis, son grupos inseparables por pausa (sirremas),
los formados por:
Sustantivo y adjetivo (casa blanca);
Sustantivo y complemento determinativo (casa de madera);
Verbo y adverbio (viene pronto);
Pronombre átono, preposición, conjunción, artículo más el elemento que sigue (lo vio, por el campo, aunque vino);
Tiempos compuestos de los verbos y perífrasis verbales (había venido, tenía que venir);
Palabras que rigen complemento preposicional (hablar de política);
Oraciones adjetivas especificativas (los estudiantes que son constantes aprueban); (Quilis, 1984)
Y por supuesto tampoco se hace pausa en el interior de una palabra.
El encabalgamiento es abrupto, cuando la unidad sintáctica del final del primer verso (verso encabalgante), se prolonga en el verso siguiente (verso encabalgado), pero termina antes del final del mismo.
Tiernos y bellos ojos, encendidos
rayos de Amor, por quien mi pecho siente
la herida inmortal que llevo ausente,
abrasada mi fuerza y mis sentidos. rayos de Amor, por quien mi pecho siente
la herida inmortal que llevo ausente,
(Fernando de Herrera).
El encabalgamiento es suave, si la unidad sintáticase prolonga sin interrupción hasta el final del verso encabalgado:
Y en eterna espiral y en remolino
infinito prolóngase y se extiende.
(Espronceda, El estudiante de Salamanca)
Siguiendo con los conceptos de Domínguez Caparrós (Métrica Española), la pausa del verso, aunque haya encabalgamiento, sigue manteniendo sus propiedades; impide la sinalefa y hace equivalentes los finales de versos agudos, graves y esdrújulos.
En los siguiente versos heptasílabos, el final esdrújulo (íntimo) se hace equivalente a un final llano, aunque se produzca un encabalgamiento sirremático (íntimo / sonido):
En los siguiente versos heptasílabos, el final esdrújulo (íntimo) se hace equivalente a un final llano, aunque se produzca un encabalgamiento sirremático (íntimo / sonido):
Alza tu pie su íntimo
sonido descansado.
...
Fue una alegría que dolió de tanto
encenderse, reírse, dilatarse
(Miguel Hernandez, Cancionero y romancero de ausencias)
En el segundo ejemplo,
No hay sinalefa entre los versos (sinafia);
Ese fenómeno se puede producir, cuando el verso encabalgado es de menos de siete sílabas.
Dámaso Alonso decía (1971) que siempre se hace pausa al final del verso, aunque “con el encabalgamiento es a veces brevísima”.
No hay sinalefa entre los versos (sinafia);
Ese fenómeno se puede producir, cuando el verso encabalgado es de menos de siete sílabas.
Dámaso Alonso decía (1971) que siempre se hace pausa al final del verso, aunque “con el encabalgamiento es a veces brevísima”.
Lo que yo vi
Yo vi un toro bramar desde un nublado;
vi salir fuego de una cantimplora;
vi dar agua de nieve en un arado;Yo vi un toro bramar desde un nublado;
vi salir fuego de una cantimplora;
vi dos bueyes hablar a una señora;
vi a un mancebo comiéndose a un caballo;vi dos perros jugar a la pelota;
vi dos muchachos muertos por un gallo;
vi dos pollos mandar la Sacra Rota;
vi al Padre Santo tragarse dos navíos;
vi al alto mar de miel y leche lleno;
vi un botijo fingir muchos desvíos;
vi a una dama comer tan sólo heno;
vi a una vaca cantar con melodía;
vi a un sacristán en coro todo el día.
En realidad se debe leer así:
Lo que yo vi
Yo ví un toro bramar; desde un nublado
vi salir fuego; de una cantimplora
vi dar agua de nieve; en un arado
vi dos bueyes; hablar a una señora
vi a un mancebo; comiéndose a un caballo
vi dos perros; jugar a la pelota
vi dos muchachos; muertos por un gallo
vi dos pollos; mandar la Sacra Rota
vi al Padre Santo; tragarse dos navíos
vi al alto mar; de miel y leche lleno
vi un botijo; fingir muchos desvíos
vi a una dama; comer tan sólo heno
vi a una vaca; cantar con melodía
vi a un sacristán; en coro todo el día.
Un saludo cordial,
Eduardo de la Barra
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