camicho
Poeta asiduo al portal
El efecto de su vientre
como alas de mariposa
tatuando en mis palmas curiosas
frases cálidas en su nombre.
Sustrayendo el polen de todo el cuerpo
erosionándonos la piel
con el único lenguaje para entendernos
con códigos Morse de besos,
insaciables
como el primero de los puntos suspensivos
o los latidos en su pecho.
Mi niña,
impresa su imagen, descansa nítida
en el reverso de los párpados.
Y su nombre
se lee en la cúpula del paladar
Inútil pareciera cobijar
todas las lunas que la he imaginado
en un solo ocaso,
tapizando el sendero con ósculos
en el lienzo de su piel
para que me guíe al espacio breve
del cual nacen las palabras.
Descubierto
a la eternidad de aquel momento,
afanoso intento
que la ansiedad no devore
más granos del cronómetro de arena.
Soborné a los minutos,
acuñando horas entre los segundos
para que cada sentido obtenga
un recuerdo suyo.
Me filtro de la clepsidra
convertido en una gota
salpicando repetidamente a su océano;
tentando inquietar sus aguas;
quizás hasta evaporarme en el intento
al posar los labios
en el centro de su universo
o diluirme en su esencia
cuando arropado entre sus brazos
ya me advierto.
Éstos son los negativos
de eventos cálidos,
apelando a la nostalgia
sin velarlos en el intento
parchando recuerdos
con un caleidoscopio
sin querer darle más color,
sólo calor
a el paréntesis que me ha obsequiado.
como alas de mariposa
tatuando en mis palmas curiosas
frases cálidas en su nombre.
Sustrayendo el polen de todo el cuerpo
erosionándonos la piel
con el único lenguaje para entendernos
con códigos Morse de besos,
insaciables
como el primero de los puntos suspensivos
o los latidos en su pecho.
Mi niña,
impresa su imagen, descansa nítida
en el reverso de los párpados.
Y su nombre
se lee en la cúpula del paladar
Inútil pareciera cobijar
todas las lunas que la he imaginado
en un solo ocaso,
tapizando el sendero con ósculos
en el lienzo de su piel
para que me guíe al espacio breve
del cual nacen las palabras.
Descubierto
a la eternidad de aquel momento,
afanoso intento
que la ansiedad no devore
más granos del cronómetro de arena.
Soborné a los minutos,
acuñando horas entre los segundos
para que cada sentido obtenga
un recuerdo suyo.
Me filtro de la clepsidra
convertido en una gota
salpicando repetidamente a su océano;
tentando inquietar sus aguas;
quizás hasta evaporarme en el intento
al posar los labios
en el centro de su universo
o diluirme en su esencia
cuando arropado entre sus brazos
ya me advierto.
Éstos son los negativos
de eventos cálidos,
apelando a la nostalgia
sin velarlos en el intento
parchando recuerdos
con un caleidoscopio
sin querer darle más color,
sólo calor
a el paréntesis que me ha obsequiado.
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