Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DESPUÉS LA MÚSICA
La música ha distraído los falsos horizontes;
son de nácar estas historias que ahora aviento al descomunal escozor
de una tarde despoblada,
en lindes y rincones amargos la luz estafa lo oscuro
y yo me sumerjo en esa especie de ansiedad que es un espejo indeciso.
Seguir la huella del tiempo en los relojes,
la memoria encuadra bien su lente
con ese zoom que da la fantasía.
Temer ahora es desgastar lateralidades que pueden ser ojos dispares
en ese afán por despedir el día, la mañana y su exabrupto, o simplemente, la inocencia.
La música retrae la mirada y me pierdo en tremedales de ayer,
en estallidos y hazañas invaluables,
catalogando el presente como aguja
prescindiendo de un instante indoloro.
Cuando ya nada hay para hacer
sólo esperar los inermes comensales,
el último saludo y el llamado del gran profeta
entre los acordes de la historia.
La música ha distraído los falsos horizontes;
son de nácar estas historias que ahora aviento al descomunal escozor
de una tarde despoblada,
en lindes y rincones amargos la luz estafa lo oscuro
y yo me sumerjo en esa especie de ansiedad que es un espejo indeciso.
Seguir la huella del tiempo en los relojes,
la memoria encuadra bien su lente
con ese zoom que da la fantasía.
Temer ahora es desgastar lateralidades que pueden ser ojos dispares
en ese afán por despedir el día, la mañana y su exabrupto, o simplemente, la inocencia.
La música retrae la mirada y me pierdo en tremedales de ayer,
en estallidos y hazañas invaluables,
catalogando el presente como aguja
prescindiendo de un instante indoloro.
Cuando ya nada hay para hacer
sólo esperar los inermes comensales,
el último saludo y el llamado del gran profeta
entre los acordes de la historia.
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