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dos plumas

angel miguel

Poeta recién llegado
Antes eramos dos plumas blancas,
livianas, sencillas, libres
que se dejaban llevar por el viento
hacia cualquier dirección
y que al tocarse,
despojadas ya del pasado impertinente,
vibraban en un embrollo de pasión
despojado de nombres,
mentes, egos y cadenas.

Simplemente, sencillamente,
eramos sin preocuparnos de ser.
Hacíamos todo sin hacer nada
y todo estaba con nosotros.


Ahora,
parecemos dos rocas distantes,
cada una en extremos opuestos
de un continente de reproches,
celos y por qués,
que juegan al juego
de cual resiste mas
las olas del silencio desgastante
de un mar de sal y angustia
con agua marrón.


Antes caíamos de las ramas,
nos soltábamos del suelo,
caíamos nada mas,
transpiraban nuestras manos,
las bocas se nos cargaban voluptuosas,
desbordantes de besos incesantes de amor,
como capullos tupidos de néctar dulce
como aun todavía se me llenan los labios.


Sin pedirnos,
sin mirarnos,
sin tocarnos,
sin conocernos
nos dábamos el mundo entero
como aun te lo sigo dando.
Nos mirábamos
con ojos llenos de rocío
de mañanas frescas,
amanecidas de sudor
que surtía nuestras almas
de paz y de ternura.
Nos tocábamos el espíritu,
nos tocábamos el aire sin tocarnos,
y lo sentíamos todo.


Las flores crecían solas,
no hacia falta regar con agua
bastaba con que existiera el sol.


No busco lavarme las manos
con el agua bendita del no pecador
No busco enchastrarte
con mis lagrimas
de ojos recién llorados
yo no me olvido
de quien eres tu
ni de quien soy yo.


No creo
que se haya perdido nada,
solo que a veces
olvidamos
el amor
de aquellas dos plumas
que solo necesitaban
viento como motor,
y nos sumergimos
en este siniestro juego
de balanzas desequilibradas
donde sobran pesas
de metal con musgo
y faltan besos de algodón.


A mi
no hay filo
que pueda
quebrarme en lo profundo
ni aguijón
que no pueda sacarme,
no me falta la sangre para vos.


Podemos parecer dos rocas
hasta de planetas distantes,
pero mi amor
es una flor que no necesita agua
solo basta con que existas vos.
 
Antes eramos dos plumas blancas,
livianas, sencillas, libres
que se dejaban llevar por el viento
hacia cualquier dirección
y que al tocarse,
despojadas ya del pasado impertinente,
vibraban en un embrollo de pasión
despojado de nombres,
mentes, egos y cadenas.

Simplemente, sencillamente,
eramos sin preocuparnos de ser.
Hacíamos todo sin hacer nada
y todo estaba con nosotros.


Ahora,
parecemos dos rocas distantes,
cada una en extremos opuestos
de un continente de reproches,
celos y por qués,
que juegan al juego
de cual resiste mas
las olas del silencio desgastante
de un mar de sal y angustia
con agua marrón.


Antes caíamos de las ramas,
nos soltábamos del suelo,
caíamos nada mas,
transpiraban nuestras manos,
las bocas se nos cargaban voluptuosas,
desbordantes de besos incesantes de amor,
como capullos tupidos de néctar dulce
como aun todavía se me llenan los labios.


Sin pedirnos,
sin mirarnos,
sin tocarnos,
sin conocernos
nos dábamos el mundo entero
como aun te lo sigo dando.
Nos mirábamos
con ojos llenos de rocío
de mañanas frescas,
amanecidas de sudor
que surtía nuestras almas
de paz y de ternura.
Nos tocábamos el espíritu,
nos tocábamos el aire sin tocarnos,
y lo sentíamos todo.


Las flores crecían solas,
no hacia falta regar con agua
bastaba con que existiera el sol.


No busco lavarme las manos
con el agua bendita del no pecador
No busco enchastrarte
con mis lagrimas
de ojos recién llorados
yo no me olvido
de quien eres tu
ni de quien soy yo.


No creo
que se haya perdido nada,
solo que a veces
olvidamos
el amor
de aquellas dos plumas
que solo necesitaban
viento como motor,
y nos sumergimos
en este siniestro juego
de balanzas desequilibradas
donde sobran pesas
de metal con musgo
y faltan besos de algodón.


A mi
no hay filo
que pueda
quebrarme en lo profundo
ni aguijón
que no pueda sacarme,
no me falta la sangre para vos.


Podemos parecer dos rocas
hasta de planetas distantes,
pero mi amor
es una flor que no necesita agua
solo basta con que existas vos.
Conmovedor poema, imágenes muy bien logradas que atrapan hasta el final donde el principio siempre fue el amor incondicional, excelente obra, saludos cordiales.
 

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