scarlata
Poeta veterano en el portal.
Nací un día manchado de claveles
a la hora inexacta que transfieren los relojes
cuando aún es pronto para bordear la entrada.
Llegué con la vocación de aceras
que miran al mar.
Y mi tiempo fue, primero, azul.
Borrones de tinta en los dedos.
Una película a cámara lenta
en la que reinventar palmeras.
Naufragué lejos del sur,
cuando el gris de los semáforos
invitó a los sintagmas
a desnudar verdades entre las avenidas.
Una vez renuncié a Nueva York por un beso.
Otra vez, desterré mi fobia a volar,
para indagar, detrás del océano,
otro beso.
Arrojé monedas a la Fontana de Trevi.
Me enamoré en Marrakech.
Despedí mi mejor infancia en Zurich.
Hasta hice el amor por teléfono.
Y, cuando alcance la única certeza,
ajena a las Pirámides que nombran enero,
a los Buenos Aires que heredé,
a mi Madrid..., ajena al tiempo,
diré que hice lo que pude.
Nunca, antes de la muerte, estuve muerta.
a la hora inexacta que transfieren los relojes
cuando aún es pronto para bordear la entrada.
Llegué con la vocación de aceras
que miran al mar.
Y mi tiempo fue, primero, azul.
Borrones de tinta en los dedos.
Una película a cámara lenta
en la que reinventar palmeras.
Naufragué lejos del sur,
cuando el gris de los semáforos
invitó a los sintagmas
a desnudar verdades entre las avenidas.
Una vez renuncié a Nueva York por un beso.
Otra vez, desterré mi fobia a volar,
para indagar, detrás del océano,
otro beso.
Arrojé monedas a la Fontana de Trevi.
Me enamoré en Marrakech.
Despedí mi mejor infancia en Zurich.
Hasta hice el amor por teléfono.
Y, cuando alcance la única certeza,
ajena a las Pirámides que nombran enero,
a los Buenos Aires que heredé,
a mi Madrid..., ajena al tiempo,
diré que hice lo que pude.
Nunca, antes de la muerte, estuve muerta.
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