Vital
Poeta veterano en el portal
¡En el ayer!
Aún oigo silbar al látigo mordaz nauseabundo,
y se me encoge la piel en cada cicatriz tatuada.
Que nada hice por ser rostro y luz de su mundo,
y por ello me condenó a vivir en vida sombreada.
¡Preso!
Aún hoy oía el arrastre de férreas cadenas,
que a mis pies y manos mantenían presas,
como a un animal amarrado a sus grilletes,
sin más horizonte que aquellas frías rejas.
¡Condenado!
Aún me temblaban las piernas cuando veía sus ojos,
de negro azabache tan sombríos en tenebrosa alma,
violador era a la vida iluminada por manías y antojos,
Pero eso fue ayer, pues hoy es difunto en mí el odio…
¡Libre soy en amor y calma!
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