No es momento para chanzas ni alegrías
ni hay lugar para esconder las fantasías,sino instantes de profunda reflexión.
Se marchita y agoniza el optimismo
corrompido por el pérfido cinismo
que se instala derrotando a la razón.
Y los pájaros del bosque ya no cantan,
y los peces en los ríos ya no saltan
y en el mundo se hace un guiño a la ambición:
Esa lacra que gobierna las conciencias
animando perversión y truculencias
con miserias, fetidez, putrefacción.
¿Es posible que retorne la cordura?
¿Que las almas recuperen la ternura,
el amor, la simpatía y la emoción?
Una brisa de Levante me responde:
-¡Sigue el rumbo que en tu espíritu se esconde,
vencerás si en el empeño hay devoción!-
Desde entonces me levanto con la aurora
persiguiendo su belleza tan sonora,
sus colores -desde el malva al bermellón-
y su plácida frescura, y el rocío
que ilumina con sus perlas campo y río...
¡Qué magnífica y hermosa sensación!
Se despierta vigorosa la esperanza
que aprovecha de la aurora su bonanza
matizando de acuarela el corazón.
La insensata depresión me perseguía
mas la vida nuevamente sonreía...
Y en el bosque se oye el canto de un gorrión.
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Churrete
P.S., En tiempos de tribulación no hay que hacer mudanza.
San Ignacio de Loyola dixit.