Sinuhé
Poeta adicto al portal
Comprar cigarros es fácil.
Sólo basta echar tranquilo mano a la camisa.
Yo no sé si será al fín necesario,
pero igual y desde entonces me siento, intento contar.
Colgar el colgador y el teléfono.
De verdad es fácil,
de cualquier modo estará
mañanero y fértil el teclado.
Yo no sé si de tanto escribir al fín despierto el callejón;
las cosas que antes ni siquiera por pasar
de lado al menos recordaba.
La vida cruza, disimulada en sus gentes.
Yo lo siento,
cautivo la parada, el autobús que pasa.
Me gusta inventar mentiras.
Oír a Manuel, a los villanos,
aquellos cuyo oficio es vender,
o montar simulacros.
A veces voy, tranquilo a esperar
a que vuelvan de su viaje tus pasos.
Y me siento, otra vez
en el café,
a escuchar el traqueteo incansable de las tazas,
el cotidiano ir y venir de los clientes.
Y la tarde seca arremolina,
como siempre tardía y cristalera.
Yo no sé, intento quizás, adivinar.
Pero la tarde engaña,
la vida pasa y también
parece oírse en el minuto claro el arrabal.
Para esperar entonces
sólo me queda comprar,
cigarros y una buena caja de vos.
De cualquier modo
en cualquier día o ciudad,
ya sabés que te amo
......
.....
....
...
..
.
Sólo basta echar tranquilo mano a la camisa.
Yo no sé si será al fín necesario,
pero igual y desde entonces me siento, intento contar.
Colgar el colgador y el teléfono.
De verdad es fácil,
de cualquier modo estará
mañanero y fértil el teclado.
Yo no sé si de tanto escribir al fín despierto el callejón;
las cosas que antes ni siquiera por pasar
de lado al menos recordaba.
La vida cruza, disimulada en sus gentes.
Yo lo siento,
cautivo la parada, el autobús que pasa.
Me gusta inventar mentiras.
Oír a Manuel, a los villanos,
aquellos cuyo oficio es vender,
o montar simulacros.
A veces voy, tranquilo a esperar
a que vuelvan de su viaje tus pasos.
Y me siento, otra vez
en el café,
a escuchar el traqueteo incansable de las tazas,
el cotidiano ir y venir de los clientes.
Y la tarde seca arremolina,
como siempre tardía y cristalera.
Yo no sé, intento quizás, adivinar.
Pero la tarde engaña,
la vida pasa y también
parece oírse en el minuto claro el arrabal.
Para esperar entonces
sólo me queda comprar,
cigarros y una buena caja de vos.
De cualquier modo
en cualquier día o ciudad,
ya sabés que te amo
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