Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
I MOVIMIENTO
Detrás de los oboes apaciguos,
de los timbales tronadores, de las trompetas arrasando
los cereales que espolvorea la etérea sinfonía
sobre sus viandas más plausibles,
detrás de los violines empedrando los sentidos
despejando a contragolpe los incómodos espolones
que la demencia diaria habitúa exponer
en su galería acérrima de comedia cotidiana,
detrás de cellos y contrabajos
de bombardinos y triángulos desquiciando
la prolongación de la voz que cada segundo nos acucia...
está el silencio y su sonido
la paz grandilocuente de un pasillo
por el cual se transita con los ojos cercenados
con los pasos cerrando el pistillo a toda indolencia
condenando para siempre la buhardilla del espíritu
porque jamás se saldrá de allí y no será necesario,
ya es precisa la jactancia en la sensatez
la humildad sobreponiendo su jarcia de domingo.
Detrás de los oboes apaciguos,
de los timbales tronadores, de las trompetas arrasando
los cereales que espolvorea la etérea sinfonía
sobre sus viandas más plausibles,
detrás de los violines empedrando los sentidos
despejando a contragolpe los incómodos espolones
que la demencia diaria habitúa exponer
en su galería acérrima de comedia cotidiana,
detrás de cellos y contrabajos
de bombardinos y triángulos desquiciando
la prolongación de la voz que cada segundo nos acucia...
está el silencio y su sonido
la paz grandilocuente de un pasillo
por el cual se transita con los ojos cercenados
con los pasos cerrando el pistillo a toda indolencia
condenando para siempre la buhardilla del espíritu
porque jamás se saldrá de allí y no será necesario,
ya es precisa la jactancia en la sensatez
la humildad sobreponiendo su jarcia de domingo.
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