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La mujer que ahora eres

Rey de la Patagonia

Poeta adicto al portal
Una mujer que clavo sus ojos en mi ser.
Una mujer que bordo con su voz
esta y miles de noches de soledad que vendrán.



Una mujer que paso, inolvidable como un cometa,
presente
como esta luna que me regala
su nocturna compañía,
con su amarillo perfecto de vieja nostalgia.

Perezco lentamente, tu musgo casi me ciega,
la manos cansadas de intentar alcanzar,
lo que no existe, los ojos dijeron basta,
educados ya por esta tristeza.



La mujer que ahora eres,
se dibuja en el alba de cada mañana
y se duerme conmigo
cuando las estrellas ya no me hablan.

Tú reposas en el murmullo del mar,​
tú traes la niebla,
y a veces,
veo tu vestido en la cresta de las olas furiosas,
las mismas que escriben,
tu nombre en la playa,
para firmar tu recuerdo solemne
como la más grande de las rocas
que el mar no pudo devastar.

Tú traes los vientos y las lluvias del otoño,
tú traes el sueño de los pájaros,
tu traes el escalofrió que siento,
cuando me siento solo,
a mirar los barcos.

Me gustaría saber qué precio tiene el cielo,
para comprarlo para ti ,
y que sea tu casa y la mía,
en estas noches de abismo blanco.

Tu traes la niebla y terminara tu musgo,
por cubrirme y yo guardo silencio
y miro los barcos y espero
que estos vientos te lleven más lejos de donde estas.



La mujer que ahora eres,
se dibuja en el alba de cada mañana
y se duerme conmigo cuando
las estrellas ya no me hablan.
 
Última edición:
Una mujer que clavo sus ojos en mi ser.
Una mujer que bordo con su voz
esta y miles de noches de soledad que vendrán.



Una mujer que paso, inolvidable como un cometa,
presente
como esta luna que me regala
su nocturna compañía,
con su amarillo perfecto de vieja nostalgia.

Perezco lentamente, tu musgo casi me ciega,
la manos cansadas de intentar alcanzar,
lo que no existe, los ojos dijeron basta,
educados ya por esta tristeza.


La mujer que ahora eres,
se dibuja en el alba de cada mañana
y se duerme conmigo
cuando las estrellas ya no me hablan.

Tú reposas en el murmullo del mar,​
tú traes la niebla,
y a veces,
veo tu vestido en la cresta de las olas furiosas,
las mismas que escriben,
tu nombre en la playa,
para firmar tu recuerdo solemne
como la más grande de las rocas
que el mar no pudo devastar.

Tú traes los vientos y las lluvias del otoño,
tú traes el sueño de los pájaros,
tu traes el escalofrió que siento,
cuando me siento solo,
a mirar los barcos.

Me gustaría saber qué precio tiene el cielo,
para comprarlo para ti ,
y que sea tu casa y la mía,
en estas noches de abismo blanco.

Tu traes la niebla y terminara tu musgo,
por cubrirme y yo guardo silencio
y miro los barcos y espero
que estos vientos te lleven más lejos de donde estas.


La mujer que ahora eres,
se dibuja en el alba de cada mañana
y se duerme conmigo cuando
las estrellas ya no me hablan.



Y podría traerte todos mis poemas de amor,
mientras voy paseando por la orilla del mar,
de sueños y arena dorada está compuesto el corazón,
mientras tu musa enamorada sigue dormida...
Un placer haber pasado, un beso.
 

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