ropittella
Poeta veterana en el Portal
Nunca más diré que nada cambia para bien, que todo es gris,
ni afrontaré este patio de pobreza de colores -en soledad de verdes-
Nunca más, porque sé que desde el cielo me vigilas flor de lis.
Te lo prometo,
sí, te lo prometo como cuando éramos rebeldes.
sí, te lo prometo como cuando éramos rebeldes.
Ahora que sé lo mucho que tuve las ternura de tus pasos por venir,
la gloria de las hojas en los atardeceres del otoño
revolcado en nuestros juegos,
revolcado en nuestros juegos,
las sonrisas a destajo en los ojos,
las montañas de tierra y el menhir...
las montañas de tierra y el menhir...
Sabíamos cómo se besan las manos sin las bocas
que -ocupadas en los ruegos-
apenas se acercaban a beberse, pero me amaste y te amé.
que -ocupadas en los ruegos-
apenas se acercaban a beberse, pero me amaste y te amé.
¿Qué más ha de suceder entonces?
Ya soy feliz eternamente.
Ya soy feliz eternamente.
Y en este preciso instante en el que el dolor olvidé,
me decido a recordarte alegremente.
Ya no veré mi rostro triste en los espejos,
Ya no veré mi rostro triste en los espejos,
será el tuyo, el de mi amor.
Y antes de salir cada mañana, cargaré en un bolsillo mil manojos
Y antes de salir cada mañana, cargaré en un bolsillo mil manojos
de la pasión de aquella mejorana,
que sembraste sabiamente en el balcón.
que sembraste sabiamente en el balcón.
En el otro: buenas obras, que rieguen, con semillas
de sus flores nuestro malecón,
de sus flores nuestro malecón,
hasta que,
lo vean florecido los amantes y se abracen.
lo vean florecido los amantes y se abracen.
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