Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
REZAGOS
Quedó atrás el lagrimeo crepitante,
el ají y su humor romano entumeciendo la sopa,
el colirio que en la mirada
fue secuencia del tranvía.
Quedó atrás, en las promesas, lo dicho en secreto,
el espasmo de un danzar entre alaridos
la verdad en la distancia doliendo en sus pilares,
ese trazo por evidenciar
las huellas favorables del instante.
Atrás, todo fatuo, más íntimo y pequeño.
Con un triste pañuelito nos despide
con un saludo de adiós en la azotea.
Va alejándose
la sed de los parajes.
Quedó atrás el lagrimeo crepitante,
el ají y su humor romano entumeciendo la sopa,
el colirio que en la mirada
fue secuencia del tranvía.
Quedó atrás, en las promesas, lo dicho en secreto,
el espasmo de un danzar entre alaridos
la verdad en la distancia doliendo en sus pilares,
ese trazo por evidenciar
las huellas favorables del instante.
Atrás, todo fatuo, más íntimo y pequeño.
Con un triste pañuelito nos despide
con un saludo de adiós en la azotea.
Va alejándose
la sed de los parajes.
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