Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
MUERTE DE UN PIANISTA.
En su soledad, bajo la vidriera sucia
que deja pasar dos rayos de luna llena,
esta el pianista, con sus manos cubiertas
por guantes blancos, rotos
que dejan ver sus dedos finos,
apoyados en unas teclas del piano
amarillas, como dientes de anciano.
Con los ojos cerrados y soportando el sopor
que da contener la respiración y dejando.
al tiempo indeciso y en pensamiento de duda
empieza a dejar caer sus caricias,
que le devuelven sonidos nobles
llenando toda la estancia, solamente vestida,
por un piano negro, dos cortinas, roídas, rojo fuerte
pespuntadas por bolas doradas y cordón a juego.
La oye y todavía no ha llegado
el sigue tocando con los ojos cerrados,
acompasando el compás, con movimientos de su cabeza
y la grita: Pasa estoy aquí, tocando y esperándote.
hoy es noche de llena y la toca,
porque el reloj ya marco los cuatro cuartos
y la oscuridad del cielo no la delata,
acompaña su vuelo hacia la garganta.
Sin un grito siquiera, se rompe la melodía
de un piano que queda muerto de repente,
salpicado por la sangre, del pianista
que alocado y músico de deseos,
deja las teclas para acariciar los cabellos
que le cubren el pecho, mientras su vida
se escapa por su cuello, en un concierto de sangre
que al compás de los colmillos, ejercita
el segundo movimiento muriendo:
Seco, enamorado de su verdugo y agradecido.
( MOZART, concierto para piano nº 21, 2º movimiento)
En su soledad, bajo la vidriera sucia
que deja pasar dos rayos de luna llena,
esta el pianista, con sus manos cubiertas
por guantes blancos, rotos
que dejan ver sus dedos finos,
apoyados en unas teclas del piano
amarillas, como dientes de anciano.
Con los ojos cerrados y soportando el sopor
que da contener la respiración y dejando.
al tiempo indeciso y en pensamiento de duda
empieza a dejar caer sus caricias,
que le devuelven sonidos nobles
llenando toda la estancia, solamente vestida,
por un piano negro, dos cortinas, roídas, rojo fuerte
pespuntadas por bolas doradas y cordón a juego.
La oye y todavía no ha llegado
el sigue tocando con los ojos cerrados,
acompasando el compás, con movimientos de su cabeza
y la grita: Pasa estoy aquí, tocando y esperándote.
hoy es noche de llena y la toca,
porque el reloj ya marco los cuatro cuartos
y la oscuridad del cielo no la delata,
acompaña su vuelo hacia la garganta.
Sin un grito siquiera, se rompe la melodía
de un piano que queda muerto de repente,
salpicado por la sangre, del pianista
que alocado y músico de deseos,
deja las teclas para acariciar los cabellos
que le cubren el pecho, mientras su vida
se escapa por su cuello, en un concierto de sangre
que al compás de los colmillos, ejercita
el segundo movimiento muriendo:
Seco, enamorado de su verdugo y agradecido.
( MOZART, concierto para piano nº 21, 2º movimiento)
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