pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por tercera vez, volvió a retumbar el timbre de la puerta en la tenebrosidad del sueño. Sin encender luz alguna, con los ojos nebulosos y vítreos, se arrastró la mujer a tientas hasta la manija.
«¿Quién demonios ?» , se preguntó.
La puerta cedió a la primera, deslizándose suavemente. Otra noche más se había olvidado de pasar el pestillo, incluso de cerrar con llave.
El gélido relente la atravesó de costado a costado, como una navaja bien afilada. Quiso accionar la luz de cortesía, pero el canguelo se interpuso en ello.
¿Quién ? articuló aturdida.
Llevó un pie afuera con decisión. Medio cuerpo. Y el otro pie.
Fuera del apartamento, en el pasillo comunitario, las bombillas del sistema de infrarrojos refulgían ahora apagadas. Dentro, la cortina comenzaba a saludar a la noche y a las personas que, a través del vano de la ventana, chillaban histéricas en la plaza.
«¿Quién demonios ?» , se preguntó.
La puerta cedió a la primera, deslizándose suavemente. Otra noche más se había olvidado de pasar el pestillo, incluso de cerrar con llave.
El gélido relente la atravesó de costado a costado, como una navaja bien afilada. Quiso accionar la luz de cortesía, pero el canguelo se interpuso en ello.
¿Quién ? articuló aturdida.
Llevó un pie afuera con decisión. Medio cuerpo. Y el otro pie.
Fuera del apartamento, en el pasillo comunitario, las bombillas del sistema de infrarrojos refulgían ahora apagadas. Dentro, la cortina comenzaba a saludar a la noche y a las personas que, a través del vano de la ventana, chillaban histéricas en la plaza.
