Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
necesitaba un ruido que viniera
tal vez de la puerta y rompiera el silencio
en el que he estado inmerso,
acaso una palabra que iluminara mi mirada,
que abrasara los rincones de mi piel con todas
sus tonalidades provocando de nuevo el amanecer
del fuego en las ascuas,
la palabra de tu boca que rompiera en mil
pedazos las oscuridades de la noche y que
ordenara que se abrieran las ventanas del
refugio de los sueños en donde te miro
algunas noches reposando tu cabeza
en mi pecho;
necesitaba el beso de tus labios
que me hiciera despegar los pies del suelo,
tu palabra que me sabe dulcemente a ensueño,
las curvas de todos tus labios como nido de mis besos,
el brillo de tu voz iluminando todos mis lugares
donde habitas;
la recamara en donde muero y no cada noche
con las manos en tu piel de fuego y sueño,
con las manos recorriendo tus rincones,
valles y las noches que se ocultan en tus cejas.
necesitaba un ruido en la puerta, una señal,
una misiva atada a las patas de palomas mensajeras,
una ráfaga de viento que despertara a mis sueños,
las notas de tu voz colgando a mi nombre como
cuadros en las paredes de la casa, el ruido
de tu ser y de tus huesos ahuyentando a los fantasmas.
Due 27.4.13 en una noche esperando que la luna se asome.
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