Cuervo4141
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Adornan su rostro la experiencia de la vida!
¡Engalanan sus ojos el brillo del amor,
enmarcados en su rostro, con rizos de un gris,
que embellecen como el tul de los rayos del sol del ayer!
¡Se reviste de seda pura ése andar de la senectud,
que alguna vez en garbo de doncella, muchos suspiros a
al viento, a muchos mozos galanes a su corazón,
en gala de alegría su vida se envolvio!
¡Se pierde en el sendero una mirada de melancolíay
y en lejana pradera sus suspiros!
Lejanas revolotean las mariposas errantes,
que en tiempo de verano se emigraron
y en tiempos de invierno jamás regresarán.
Se escucha el jolgorio de los mozuelos,
entre bulliciosa huida, hoy sólo son ecos perdidos,
que en esos arcanos dinteles, como murmullos
de fantasmas sólo vagan, acompañando el silencio eterno de la soledad.
¡ Y allí en silencio, se olvida la mariposa monarca,
que en capullo inerte se pierde entre las hojas grises
del otoño, que se descienden y crugen cuando las envuelve el viento!
Hoy sus capullos, mariposas son
y sus jolgorio sólo murmullos... ¡silencio eterno del olvido ingrato!
¡Arcana y silenciosa se pierde sombra,
de la anciana en el abrazo frío del mármol perenne,
de la fosa eterna de su recuerdo !
¡Engalanan sus ojos el brillo del amor,
enmarcados en su rostro, con rizos de un gris,
que embellecen como el tul de los rayos del sol del ayer!
¡Se reviste de seda pura ése andar de la senectud,
que alguna vez en garbo de doncella, muchos suspiros a
al viento, a muchos mozos galanes a su corazón,
en gala de alegría su vida se envolvio!
¡Se pierde en el sendero una mirada de melancolíay
y en lejana pradera sus suspiros!
Lejanas revolotean las mariposas errantes,
que en tiempo de verano se emigraron
y en tiempos de invierno jamás regresarán.
Se escucha el jolgorio de los mozuelos,
entre bulliciosa huida, hoy sólo son ecos perdidos,
que en esos arcanos dinteles, como murmullos
de fantasmas sólo vagan, acompañando el silencio eterno de la soledad.
¡ Y allí en silencio, se olvida la mariposa monarca,
que en capullo inerte se pierde entre las hojas grises
del otoño, que se descienden y crugen cuando las envuelve el viento!
Hoy sus capullos, mariposas son
y sus jolgorio sólo murmullos... ¡silencio eterno del olvido ingrato!
¡Arcana y silenciosa se pierde sombra,
de la anciana en el abrazo frío del mármol perenne,
de la fosa eterna de su recuerdo !