danie
solo un pensamiento...
(Ota Dokan (1432-1486) estudioso del arte militar y poeta, fue apuñalado en la bañera. Asiendo el puñal que tenía clavado, pronunció el siguiente poema y murió)
Sino hubiera sabido
que ya estaba muerto,
habría lamentado
perder la vida.
(Yoshitaka gobernador de una de las islas del Japón (XVI) fue vencido por uno de sus generales rebeldes. Antes de suicidarse compuso)
Tanto el vencedor
como el vencido no son
sino gotas de rocío,
sino el resplandor de un rayo.
Así deberíamos ver el mundo.
(Poema del samurái Sukemoto del siglo XIV que después de estampar su nombre, dejó el pincel a un lado. El verdugo se le acercó por detrás y la cabeza de Sukemoto rodó sobre la piel de animal sobre la que estaba sentado. Su cuerpo permaneció erguido)
Los cinco agregados de mi forma pasajera
y sus cuatro elementos vuelven a la nada.
Ofrezco mi cuello a la espada desnuda,
cuyo tajo no es sino una ráfaga de viento.
(Poema de otro samurái, que no se conoce el nombre, perteneciente al siglo XIV, que sufrió la misma suerte)
Durante cuarenta y dos años
he oscilado entre la vida y la muerte.
Ahora zozobran las colinas y los ríos,
la tierra y el cielo vuelven a la nada.
Sino hubiera sabido
que ya estaba muerto,
habría lamentado
perder la vida.
(Yoshitaka gobernador de una de las islas del Japón (XVI) fue vencido por uno de sus generales rebeldes. Antes de suicidarse compuso)
Tanto el vencedor
como el vencido no son
sino gotas de rocío,
sino el resplandor de un rayo.
Así deberíamos ver el mundo.
(Poema del samurái Sukemoto del siglo XIV que después de estampar su nombre, dejó el pincel a un lado. El verdugo se le acercó por detrás y la cabeza de Sukemoto rodó sobre la piel de animal sobre la que estaba sentado. Su cuerpo permaneció erguido)
Los cinco agregados de mi forma pasajera
y sus cuatro elementos vuelven a la nada.
Ofrezco mi cuello a la espada desnuda,
cuyo tajo no es sino una ráfaga de viento.
(Poema de otro samurái, que no se conoce el nombre, perteneciente al siglo XIV, que sufrió la misma suerte)
Durante cuarenta y dos años
he oscilado entre la vida y la muerte.
Ahora zozobran las colinas y los ríos,
la tierra y el cielo vuelven a la nada.