KarenTirana
Poeta recién llegado
Pensando en los momentos que me ataban a ti los escribí,
con la esperanza en manos creí que al quemar cada hoja
borraría cada recuerdo. Quemé cada recuerdo y
recordé de nuevo, no es más que un pliego con escritos
memorables y lágrimas amargas…
Abracé tu cuerpo con cada letra, besé tus labios con cada
palabra, reviví los días de amor con cada párrafo, la tinta
me envolvió en tu mirada… Las paginas se hacían carbón y
mi corazón tan blando como una hoja. El fuego consumía
los grafemas y en mi alma se formaban versos de dolor.
Mis ganas de ti ardían, me calcinaba por dentro y no
encontraba la manera de disipar el fuego, mis emociones
se hacían perplejas.
Quería borrarte, incinerar mi amor y mi dolor…
Olvidarte, ya no quería amarte.
Abandonaría tu nombre, amaría y ornamentaría mi voluntad.
Pretendía desprenderme de tu esencia para aniquilarla, y
entonces edificar una nueva realidad.
La convicción que me rodeaba helaba mi sensibilidad y las
brasas de mis manuscritos me abrigaban más que los gestos
de ternura que solías esbozar y el te quiero falso que
acostumbrabas mencionar.
con la esperanza en manos creí que al quemar cada hoja
borraría cada recuerdo. Quemé cada recuerdo y
recordé de nuevo, no es más que un pliego con escritos
memorables y lágrimas amargas…
Abracé tu cuerpo con cada letra, besé tus labios con cada
palabra, reviví los días de amor con cada párrafo, la tinta
me envolvió en tu mirada… Las paginas se hacían carbón y
mi corazón tan blando como una hoja. El fuego consumía
los grafemas y en mi alma se formaban versos de dolor.
Mis ganas de ti ardían, me calcinaba por dentro y no
encontraba la manera de disipar el fuego, mis emociones
se hacían perplejas.
Quería borrarte, incinerar mi amor y mi dolor…
Olvidarte, ya no quería amarte.
Abandonaría tu nombre, amaría y ornamentaría mi voluntad.
Pretendía desprenderme de tu esencia para aniquilarla, y
entonces edificar una nueva realidad.
La convicción que me rodeaba helaba mi sensibilidad y las
brasas de mis manuscritos me abrigaban más que los gestos
de ternura que solías esbozar y el te quiero falso que
acostumbrabas mencionar.
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