La cabeza se rompe del espanto
proferido por ánimas perdidas
en las noches de males y sus vidas
que por poco tornaron en el llanto.
El fantasma cobija con su manto
los ijares de penas esparcidas
por las cuentas caducas y vencidas
del pecado bendito de su canto.
Y le quedan las marcas de cadenas
en sus brazos marchitos y cenizos.
Señalando la sangre de las penas
que se carga por siglos enfermizos.
Sus resecos motivos y sus venas
atestiguan sus llantos, sus hechizos.
proferido por ánimas perdidas
en las noches de males y sus vidas
que por poco tornaron en el llanto.
El fantasma cobija con su manto
los ijares de penas esparcidas
por las cuentas caducas y vencidas
del pecado bendito de su canto.
Y le quedan las marcas de cadenas
en sus brazos marchitos y cenizos.
Señalando la sangre de las penas
que se carga por siglos enfermizos.
Sus resecos motivos y sus venas
atestiguan sus llantos, sus hechizos.
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