viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mira mi trote magnánimo
de semental sobre la playa.
El mar lame mis cascos
y no me moja del miedo
que le imprimo.
Si un volcán me hiciera sombra
lo haría termitero de ceniza.
Sal de tu sueño ¡Ven a quemarte!
¡Germina, empápate y florece!
En mi tierra de carne y de incendios.
Inmola tus muslos al dios del deseo,
y ¡Siénteme!
Soy brasa gigantesca,
incontrolables alas de mariposas
que arden su vuelo en el aire.
Rozaré tu piel,
con mis dedos roncos
de tanto gritarte mis ansias.
Mi sangre es vino de sexo,
mis ojos, ahora son armas,
son ríos de estrellas que mueren
y matan en tus curvas.
Mi corazón podría, en estos momentos,
rotar la tierra en sentido contrario,
cambiar el curso de todos los astros,
y desfallecer en un temblor delicado,
provocado por el vuelo de la golondrina
que pronuncie tu nombre.
Te quiero,
tierna y ferozmente.
Mis manos trémulas
burbujean en tu espalda.
Por ti, soy la fiera indómita,
la bestia del fuego.
Imagina en tu piel sensible
un lugar erógeno en secreto,
y la yema de mis dedos
lo tañerán con la suavidad
de los pétalos de unos labios.
Y sembrarán tus suspiros
en el calor húmedo de mi boca.
Tú ... Eres el veneno
que preciso
para morir de amor.
de semental sobre la playa.
El mar lame mis cascos
y no me moja del miedo
que le imprimo.
Si un volcán me hiciera sombra
lo haría termitero de ceniza.
Sal de tu sueño ¡Ven a quemarte!
¡Germina, empápate y florece!
En mi tierra de carne y de incendios.
Inmola tus muslos al dios del deseo,
y ¡Siénteme!
Soy brasa gigantesca,
incontrolables alas de mariposas
que arden su vuelo en el aire.
Rozaré tu piel,
con mis dedos roncos
de tanto gritarte mis ansias.
Mi sangre es vino de sexo,
mis ojos, ahora son armas,
son ríos de estrellas que mueren
y matan en tus curvas.
Mi corazón podría, en estos momentos,
rotar la tierra en sentido contrario,
cambiar el curso de todos los astros,
y desfallecer en un temblor delicado,
provocado por el vuelo de la golondrina
que pronuncie tu nombre.
Te quiero,
tierna y ferozmente.
Mis manos trémulas
burbujean en tu espalda.
Por ti, soy la fiera indómita,
la bestia del fuego.
Imagina en tu piel sensible
un lugar erógeno en secreto,
y la yema de mis dedos
lo tañerán con la suavidad
de los pétalos de unos labios.
Y sembrarán tus suspiros
en el calor húmedo de mi boca.
Tú ... Eres el veneno
que preciso
para morir de amor.
:: ::
:: ::
:: ::
:: ::