En un instante las letras se escurrieron
de entre mis dedos, de negro se vistió mi mirada,
mi boca enmudeció, mis manos se congelaron;
el silencio se abrió paso entre mi mundo y tú.
Los minutos, pequeños granos de arena
crecieron siendo horas en mi desierto;
los días como tormentas me abrazaron,
tiesa me dejaron con la voz quebrada.
Gritos que se ahogaban en mi garganta,
estallidos de dolor cada latido de mi corazón,
detrás de grandes nubes de lágrimas estabas,
mis ojos contemplaban el cielo buscando tu mirada.
Caminando entre las sombras de la melancolía,
agonizando por la ausencia de tu cálida caricia,
mecida por las aguas de la tristeza me quedé dormida,
sumergida en mis sueños de niña consentida.
El suave calor acariciando mi piel, tibia sensación
que poco a poco calmó el frío de mi cuerpo,
mi mirada como un espejo se iluminó reflejando su luz,
y pude ver el sol, mi sol que eres tú…
A ti René que eres luz en mi vida...
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