Ya Hidratado el pincel en degradé de negro
comienza el grito y suplicio del lienzo,
que solloza y goza por los golpes concretos
de tu pulso firme y tu concepción del infierno.
El óleo extraído de donde nace tu fuego,
tu aguda percepción y el corte certero,
destrozan la musa cómplice, en silencio
entregada a la orgásmica profanación de su cuerpo.
y cuando de esencia agotó todo resto
y su cuadro logró superar al espejo
revivió la musa de rojo en el negro
y reclamó su alma robada en el lienzo.
