Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Las dos cruces
Aquella tarde sin luna,
¡tanta amargura!,
seguí tus pasos
para no verte nunca.
Cogí tu mano,
y a media vuelta
tu pie en el suelo,
y en tu mirada
la puerta abierta.
Y me cayó la piel
hasta la tierra...
Mis huesos ya te perdían,
mi bella, mi bella amada.
Qué errores en esta vida,
qué triste este castigo
del puño sobre tu espalda,
que ahora luce dos cruces
después que me lo cortara.