Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
[h=5]La hora de los pueblos.
Pasan muchas cosas y no pasa nada.
Pasan todas juntas a veces
entre las mismas cosas
y se amarran dentro y se guardan
un tiempo exacto en los bolsillos.
Pasa muchas cosas y no pasa nada.
Todos escuchan, todos miran
se copian en los ojos el murmullo
el brillo de una llama enfurecida.
La tarde pasa desnuda y pregunta:
¿Qué hora es?
Un hombre muerto pregunta:
¿Qué hora es?
La noticia vuela entre las sábanas
los televisores queman carne
saborean una idea que perece.
¿Quién le teme al pueblo?
Hay justicia sí, la hay para algunos
Y también memoria.
El olvido es una fantasía de la mente.
Pero yo quisiera recordar un nombre
que legó mil flores
y sembró esperanza
entre otras cosas que tristemente callan.
Pasan cosas.
Tantas
Alguien pregunta: ¿Que hora es?
Yo digo: ¡Es la hora de los pueblos!
RJL[/h]
Pasan muchas cosas y no pasa nada.
Pasan todas juntas a veces
entre las mismas cosas
y se amarran dentro y se guardan
un tiempo exacto en los bolsillos.
Pasa muchas cosas y no pasa nada.
Todos escuchan, todos miran
se copian en los ojos el murmullo
el brillo de una llama enfurecida.
La tarde pasa desnuda y pregunta:
¿Qué hora es?
Un hombre muerto pregunta:
¿Qué hora es?
La noticia vuela entre las sábanas
los televisores queman carne
saborean una idea que perece.
¿Quién le teme al pueblo?
Hay justicia sí, la hay para algunos
Y también memoria.
El olvido es una fantasía de la mente.
Pero yo quisiera recordar un nombre
que legó mil flores
y sembró esperanza
entre otras cosas que tristemente callan.
Pasan cosas.
Tantas
Alguien pregunta: ¿Que hora es?
Yo digo: ¡Es la hora de los pueblos!
RJL[/h]
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