Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LIMITES
El límite es este rito del espejo
que captura imágenes ignoradas.
La luz enfoca la nostalgia,
el labio que arrastra esquivas zanjas
y lleva hasta difusas cornisas
la memoria de otro recuerdo denostado.
Límite de sorbos, de cansina elegía;
allá lejos la palabra perfora los murmullos,
redacta otro nombre, otra forma de la dicha.
¿Qué es esta floración de ventanales
que como una larga carrilera inventa el vacío,
el puente a otra parte?
El segundo salta la barda que da a la fantasía.
Nadie espera algo, simplemente nada.
El sendero del vitral escapa,
reposa bajo la majestad de unas alas
tras el manso reverbero de una mariposa.
El límite es la diestra mano desovando los vocablos
en la plenitud del poema interminable,
el estallido de la luz escribe
los ríspidos metales.
El límite es este rito del espejo
que captura imágenes ignoradas.
La luz enfoca la nostalgia,
el labio que arrastra esquivas zanjas
y lleva hasta difusas cornisas
la memoria de otro recuerdo denostado.
Límite de sorbos, de cansina elegía;
allá lejos la palabra perfora los murmullos,
redacta otro nombre, otra forma de la dicha.
¿Qué es esta floración de ventanales
que como una larga carrilera inventa el vacío,
el puente a otra parte?
El segundo salta la barda que da a la fantasía.
Nadie espera algo, simplemente nada.
El sendero del vitral escapa,
reposa bajo la majestad de unas alas
tras el manso reverbero de una mariposa.
El límite es la diestra mano desovando los vocablos
en la plenitud del poema interminable,
el estallido de la luz escribe
los ríspidos metales.
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