pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Caen las notas musicales
entre las pestañas del cielo
y, al cerrar sus ojos,
se rompen en mil pedazos
sus cristalinos, lloviendo
cortinas de armonía y regueros
que bañan las tierras, mares,
los albatros, ballenas y caimanes,
como la ceniza que libre se dispersa,
volviendo rapsoda al hombre
y mujer a su oda, y poetisa.
Empuñados entre las manos
de las tormentas
se deshilachan los instrumentos
que acariciaban el alma
con el velo de sus melodías;
ahora, miran al orto mudos los poemas,
roto el compás para sus versos,
buscando labios que el cielo aprieta
y les susurren voz, sonidos, griten ecos,
onomatopeyas sinceras entre verso y verso.
Y por la rota cuerda de una guitarra vuelan,
como una cometa, a la Tierra los cielos;
trepamos por su rienda escribiendo una epopeya
para tocar lo sublime, poetisa y poeta,
y nuestras manos planean
cual águila y gaviota sobre esta bendita tierra
donde dibujan con sus alas
el crepúsculo amarillento de nuestros sueños,
y vuelan los besos de esperanza cada madrugada
como los frisos con que un arquitecto del Cielo
ornara de rebujo el dintel de sus puertas
un pie antes de entrar, excelsos,
quienes han ascendido juntos a conocerlo.
La claridad entre ellos de su suspiro
lloverá como pompa de voz a tierra,
sanará las cicatrices por vértebras en los hemistiquios
de aquellos versos sin melodía que aún esperan,
y con la luz reflejándose en sus plumas
los poetas descenderán a la tierra,
pero antes escribirán sin temor
esa canción inconclusa en las partituras del cielo...
como inconcluso es cada poema que se escribe
porque falta al leerlo siempre el último verso,
aquel que espera para ser declamado
por quienes, poetisa o poeta,
leyeran el poema en alto
y lo recojen al término,
huérfano del escribano,
en la cuerda floja del silencio.
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