Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tú y el tiempo, niña...
Él, se torna humo
y a los pies de las cenizas
de esa musa que te inspira,
abre un surco
tan profundo
que su voz quedó perdida
transformada en un murmullo.
Frente a aquella sima
te volviste musgo,
haz sombrío, negra vírgula
habitando las retinas
de tus lustros
y en un túmulo
de verdades y mentiras,
ante sueños ya sepultos,
hincas de rodillas
cada estéril pulso
de tu cuerpo de clepsidra,
y descubres que la dicha
se sostuvo
en lo absurdo
de anudar en poesía
el desnorte de tus rumbos.
Tú y la nada, niña...
de tus versos mudos,
de tu inspiración extinta,
de tus letras desleídas...
Sin preludios,
¡sola y punto!
mientras guardan tus pupilas
el recuerdo de su embrujo.
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