MiguelEsteban
ÚNICO
Cariño acrisolado, rauda tempestad
que en tu viento desliza mi sentimiento,
como noche sediento de tu melodía,
como mirarte por dentro
y encontrar una estrella latiendo.
Lejana zahara como lucen
tus pétalos, como luce tu piel permisiva,
como esquiva tu sonrisa de un cielo nativa,
vuelven los astros por senderos azulados
vuelven los pasos a cruzarse destinados.
Obstinada pupila de quietud
entre tus pestañas dormidas,
iris entre un brillo y otro del parpadeo roto,
labios mojados de tu palabra tinta,
de tu mano me ven,
colores que no entienden,
que son colores
por ojos que les pusieron nombre
lo que no se ve se siente,
observo mi fin entre sombras
que me reclaman la una madrugada.
Entre el colchón de luz que sueña
solo tu almohada.
Me veo bajo tu prisma
ese que dibuja un mundo en sanguíneo rumbo,
en cristalino mineral ígneo,
vivo, diluye tu voz entre ternura
convertida quinta estación
la de la lluvia de besos
la de nubes con forma de caracol.
Caricias sin sentido ni razón
solo recordar el calor.
Canta un grillo que éste llegó.
Enamorada la noche venció,
luna de nieve que el cariño enciende.
En tus alas nace el alba
de tu universo que de semilla sembraste.
De tinta y sangre,
de tu cuarzo con mi cobre,
unidas almas amantes.
El Castellano y Leannán-Sídhe