El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
Entras en la habitación con el alma despeinada,
ardiente y sin aclarar,
con las expectativas tan altas como los tacones que traías.
Tú,
que asfixias príncipes hasta volverlos azules,
yo,
olvidando que no se debe nombrar la soga en casa del ahorcado.
Mientras, te alejas, te vas desvistiendo
calculando los pasos exactos para llegar desnuda hasta la cama.
Cada tres pasos desabrochas un botón de la camisa,
y una luz que se apaga en el edificio de enfrente.
Otra se enciende.
Tú,
coleccionista de canicas con lunas robadas en charcos,
sácame de esta cama y permíteme tener al mundo como sueño.
Siempre.
ardiente y sin aclarar,
con las expectativas tan altas como los tacones que traías.
Tú,
que asfixias príncipes hasta volverlos azules,
yo,
olvidando que no se debe nombrar la soga en casa del ahorcado.
Mientras, te alejas, te vas desvistiendo
calculando los pasos exactos para llegar desnuda hasta la cama.
Cada tres pasos desabrochas un botón de la camisa,
y una luz que se apaga en el edificio de enfrente.
Otra se enciende.
Tú,
coleccionista de canicas con lunas robadas en charcos,
sácame de esta cama y permíteme tener al mundo como sueño.
Siempre.