Prendida de su ùltima ilusiòn, como de un pañuelo,
la solterona de pantalon largo
paseò su caminar coqueto y grave
por la calle del puerto.
En tanto, un viajero en la tarde,
obsesionado en hallar la respuesta a su historieta,
soñoliento contemplaba al mar.
Con abandono de rosal caìdo,
ella colgò en la baranda su silueta,
anhelando que el mar en su arrebato
la llevase a su mundo de coral.
De pronto; movidos por el hilo
que la angustia tejiera...
Ella y èl se miraron
como si aùn tuviesen primaveras.
Y en esa magia fueron acercàndose.
Tantos rostros habìan visto consigo,
que hasta creyeron ser dos conocidos.
Ella, una flor nerviosa; èl un galan herido.
Los dos la misma cosa
perdida en el olvido.
Enlazaron sus manos como si cada uno
fuera su ùltimo tranvìa...
Y silenciosamente se alejaron
por la calle profunda de la vida.
la solterona de pantalon largo
paseò su caminar coqueto y grave
por la calle del puerto.
En tanto, un viajero en la tarde,
obsesionado en hallar la respuesta a su historieta,
soñoliento contemplaba al mar.
Con abandono de rosal caìdo,
ella colgò en la baranda su silueta,
anhelando que el mar en su arrebato
la llevase a su mundo de coral.
De pronto; movidos por el hilo
que la angustia tejiera...
Ella y èl se miraron
como si aùn tuviesen primaveras.
Y en esa magia fueron acercàndose.
Tantos rostros habìan visto consigo,
que hasta creyeron ser dos conocidos.
Ella, una flor nerviosa; èl un galan herido.
Los dos la misma cosa
perdida en el olvido.
Enlazaron sus manos como si cada uno
fuera su ùltimo tranvìa...
Y silenciosamente se alejaron
por la calle profunda de la vida.