Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
No sabía muy bien cómo había llegado, pero allí estaba, justo en la entrada del apartamento. Buscó mecánicamente las llaves sin encontrarlas y al apoyarse en la puerta ésta se abrió. Entró, no había nadie; solo un gato que no era el suyo. Inspeccionó las estancias y vio que todas las ventanas estaban abiertas y que el aire circulaba por los pasillos tropezando con hojas y papeles. Nunca hubiese pensado que le costara tanto respirarlo.
Su metabolismo se aceleró al comprobar que no quedaba ningún mueble; tampoco encontró su televisor panorámico, ni su ordenador, ni su ropa...
La casa estaba completamente vacía. No recordaba muy bien a qué hora había salido. Sabía que cenó con unos amigos, de tapeo, y que cerraron algún que otro bar. Miró el reloj, las seis de la mañana, empezaba a clarear. No supo muy bien qué hacer. Se encontraba mal, deprimido, indignado, nervioso y mareado. Quiso gritar y salió al exterior. Se encontró desubicado y a su alrededor vio un descampado y, sobre una columna, un gran cartel que rezaba "Piso piloto".
Su metabolismo se aceleró al comprobar que no quedaba ningún mueble; tampoco encontró su televisor panorámico, ni su ordenador, ni su ropa...
La casa estaba completamente vacía. No recordaba muy bien a qué hora había salido. Sabía que cenó con unos amigos, de tapeo, y que cerraron algún que otro bar. Miró el reloj, las seis de la mañana, empezaba a clarear. No supo muy bien qué hacer. Se encontraba mal, deprimido, indignado, nervioso y mareado. Quiso gritar y salió al exterior. Se encontró desubicado y a su alrededor vio un descampado y, sobre una columna, un gran cartel que rezaba "Piso piloto".