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Tarde lluviosa

Paulo Arenas

Poeta recién llegado
Aquella tarde llovía como si Dios estuviera llorando.
Hacia tanto frió que mis manos congeladas se caían a pedazos.
El viento me golpeaba sin cesar.
Las calles estaban vacías.
Ningún perro ladraba.
Hasta los muertos estaban solos,
porque ningún pajarillo les entonaba una oración.
Mis ojos… nublados por las lágrimas de Dios,
no me dejaban ver la soledad de aquella tarde,
porque como un rayo que golpeó a mi alma,
vi lo más hermoso.
Pensé que estaba en el cielo
o que era primavera,
porque era la flor más bella que un jardinero pudiese cultivar.
Sus ojos brillaban como luceros,
su pelo estaba adornado de estrellas,
su cara fina, era de seda,
sus labios… pétalos de rosa,
sus manos tan blancas como nieve.
La mire y quise hablarle,
pero las palabras se atragantaron en mi boca,
por estar frente a un ángel.
Me sonrió y me pareció que era verano.
Me hablo y escuche la más linda melodía,
aquella que un ruiseñor nunca podría interpretar.
Supongo que nos dijimos muchas cosas,
ya que el tiempo se había detenido
porque en mi reloj no existía nada más que ella.
Le pregunte si la vería de nuevo.
Ella sonriendo dijo que tal vez
y luego de eso se marcho entre la lluvia.
Sus pasos la llevaron a la eternidad del olvido.
Y yo nunca más la vi.
Aunque cada vez que miro una flor,
jamás olvido que fui feliz
aquella tarde en que la vi.
 
Aquella tarde llovía como si Dios estuviera llorando.
Hacia tanto frió que mis manos congeladas se caían a pedazos.
El viento me golpeaba sin cesar.
Las calles estaban vacías.
Ningún perro ladraba.
Hasta los muertos estaban solos,
porque ningún pajarillo les entonaba una oración.
Mis ojos… nublados por las lágrimas de Dios,
no me dejaban ver la soledad de aquella tarde,
porque como un rayo que golpeó a mi alma,
vi lo más hermoso.
Pensé que estaba en el cielo
o que era primavera,
porque era la flor más bella que un jardinero pudiese cultivar.
Sus ojos brillaban como luceros,
su pelo estaba adornado de estrellas,
su cara fina, era de seda,
sus labios… pétalos de rosa,
sus manos tan blancas como nieve.
La mire y quise hablarle,
pero las palabras se atragantaron en mi boca,
por estar frente a un ángel.
Me sonrió y me pareció que era verano.
Me hablo y escuche la más linda melodía,
aquella que un ruiseñor nunca podría interpretar.
Supongo que nos dijimos muchas cosas,
ya que el tiempo se había detenido
porque en mi reloj no existía nada más que ella.
Le pregunte si la vería de nuevo.
Ella sonriendo dijo que tal vez
y luego de eso se marcho entre la lluvia.
Sus pasos la llevaron a la eternidad del olvido.
Y yo nunca más la vi.
Aunque cada vez que miro una flor,
jamás olvido que fui feliz
aquella tarde en que la vi.




Encantadoras palabras, aunque todas las líneas son exquisitas.
Bienvenido Paulo. Buena poesía.
 
Muy sentido y romántico poema. Bellas imágenes adornan tus letras. Un placer disfrutar tu poema. Saludos poeta.
 
Es un lujo leer esta belleza de poesía...me gustaron esas imágenes
y ese sentimiento verdadero de amor hacia un ángel divino,con olor de bella dama.
Saludos.
 
Siempre dicen lo mismo, ya nos veremos...bienvenido.
Un placer, feliz domingo.
 

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