Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mientras yo encumbro las noches para llegar a su cima
rebautizando la oroya que atraviesa mi sangre,
sobre la discordancia temprana que asevera la realidad,
tu boca rebaña del alba los restos de esos besos
esparcidos en los cirros como ánimas sin hado,
me ignora escayolando sus silencios.
Esos hombros unidos al punto cardinal de tus talones,
formando la cruz del altar donde
desangra mi doliente plegaria,
ya no se parecen a camuesas fragantes
madurando en la anatomía asequible de mis ojos,
se han marchado dejando estelas de recuerdos
presos en los mareados engranajes del tiempo,
escabulléndose en la danza arenada de mi reloj.
Si te pienso recuerdo a la noche dar su mal paso,
saltó de su piel al alba, como una serpentina distraída,
dejando restos de nuestra página, en un bucle de tiempo,
fuimos cuerdas sobre las yemas del encanto
que taño las mejores melodías enterradas en el
piélago de nuestras sonrisas, fuimos uno en un segundo,
y después nos deshicimos como un frágil sorbo de humo.
Pero me quedó la semilla, el leve brote que me hizo
feliz alguna vez, la tierra no se ha marchado en la marea
y yo aún puedo soñar con alcanzar el roce de tus palabras,
puedo extender mis manos y sentir tu palma abrazarme
con poesía, tal vez recuperar todo aquello que fue mío algún día.
Quizás pueda volver y habitar en ti, calcular tu distancia en
el constelado rostro de la luna, y dejar la carnada perfecta
para atrapar tu dulce voz diluida en la miel de un te quiero tal vez.
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