MiguelEsteban
ÚNICO
(foto de internet)
Suave la espera se torna agua,
sonrisa callada en las pupilas quieta,
piedra de silencio que musita la hora
incendiada de prisas se complace
de infinitos y segundos puñales,
arrebatada la sombra al óleo
intacto de tu aliento y tiento
silva el tiempo un grillo,
en una noche resquemada
de ojos de gato y nervios punzados,
sale ciego el viento de su hogar sostenido,
sale hendido el beso del verbo,
y amar le siente su luz compañera,
inquieta la voz tornada color,
influencia de quimeras
y imposibles riendas,
delirios rasguños de creador,
entre gotas de alma
y voz de espíritu congelado,
estío clavado, sueño clamado,
despertar y morir en medio de una palabra,
gatear un cuadro de mi destino,
y correr en el respiro dormido,
solo es una vida hundida
en un soplo que se levanta
y vuelve a su aguja henchida,
nacer en la llama de una ola,
y tambalearme en un hastío
encontrado en la enfermedad
su alivio, locura de amar,
curada la sinfonía de caricias,
hogueras de piel y verso,
calma tras tormenta
y tormenta tras calma,
se lleva la sílaba un licor sin rima,
toma el corazón un beso
donde quema su ilusión,
donde abre la flor,
y el cauce vuelve a ser arteria de voz,
levantarse en alas del dios Sol
y navegar las dunas de la diosa luna,
sin encontrar sueño vencido
ni dormir entre lirios,
entre espinas que dibujan placeres,
y realidades mimetizadas
en fantasías vividas entre nubes
entre conciencia que te traiciona,
y castiga tus alas nacidas,
cuando entre espuma se desvanece la ola,
cuando la orilla recoge la fuerza cansada,
el cariño teje su red de estabilidad,
de equilibrio entre suspiro
y fuego nacido, la lluvia abraza
la tierra mansa del cuerpo,
todo se resume en lo que no se dice,
sentirse vivo y sentirse hoja taciturna
de árbol caído, sentir
quizás sentir es vivir.
Y quizás amarte es la fuerza de mi vida.
El Castellano y Leannán-Sídhe