El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
Llegué, vi, decidí,
sobre mis pasos mis zapatos y entre tanto la sombra que nunca fui,
me tocaba decidir siempre,
ya desde pequeño confundía el azar con la suerte,
¿y qué pasó?
La moneda salió cara y cayó cruz,
corona de espinas en la frente,
solo por ver algo, no significa que lo sientes,
y boli en mano cada año bajo octubre
suelo escribirte una carta,
suelo escribir tu nombre.
Con miedo, tabaco y decisión pinto mis líneas,
te dibujo perfecta y la tinta pide perdón,
dice “lo siento”, folio nuevo.
Los fantasmas solo sonríen en sueños ajenos.
Los minutos dibujaron tus ojos
mientras que con la punta de mi recuerdo
acaricié tu sonrisa, te coloreé el pelo,
y no me olvidé de firmar tus labios
con la figura perfecta de mi beso.
¿Y qué hago yo ahora?
Se escondió Pandora en su caja sin miedo.
No esquivo tus balas,
no esquives mis besos,
llevo en el ombligo a un enemigo escrito en verso.
¿500 noches? No sé a ti, pero a mí
me parece mucho tiempo,
te di un abrazo en mayo y espera a ver cuándo te suelto.
Termino, que me entretengo,
postdata nos vemos, un saludo, un hasta luego,
un viejo punto y aparte sin pancarta ni estandarte
que pida con líneas y de rodillas no querer recordarte.
Después,
dejo de escribirte esta carta para coger el teléfono y llamarte.
sobre mis pasos mis zapatos y entre tanto la sombra que nunca fui,
me tocaba decidir siempre,
ya desde pequeño confundía el azar con la suerte,
¿y qué pasó?
La moneda salió cara y cayó cruz,
corona de espinas en la frente,
solo por ver algo, no significa que lo sientes,
y boli en mano cada año bajo octubre
suelo escribirte una carta,
suelo escribir tu nombre.
Con miedo, tabaco y decisión pinto mis líneas,
te dibujo perfecta y la tinta pide perdón,
dice “lo siento”, folio nuevo.
Los fantasmas solo sonríen en sueños ajenos.
Los minutos dibujaron tus ojos
mientras que con la punta de mi recuerdo
acaricié tu sonrisa, te coloreé el pelo,
y no me olvidé de firmar tus labios
con la figura perfecta de mi beso.
¿Y qué hago yo ahora?
Se escondió Pandora en su caja sin miedo.
No esquivo tus balas,
no esquives mis besos,
llevo en el ombligo a un enemigo escrito en verso.
¿500 noches? No sé a ti, pero a mí
me parece mucho tiempo,
te di un abrazo en mayo y espera a ver cuándo te suelto.
Termino, que me entretengo,
postdata nos vemos, un saludo, un hasta luego,
un viejo punto y aparte sin pancarta ni estandarte
que pida con líneas y de rodillas no querer recordarte.
Después,
dejo de escribirte esta carta para coger el teléfono y llamarte.
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