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Trilogía de invierno 2 (Triste retorno del invierno)

Último Poeta Maldito

Poeta asiduo al portal
En esta mañana lluviosa,
sombras se vierten como cristal roto;
el matinal se ha ido en el torrente,
junto con la tez del suelo feraz
se ahoga, él, su esplendor luciente.
Flora se empapa de un acuoso barniz,
que viene de etéreo sollozar
…ha regresado el invierno feliz,
Con capa nebulosa e imperial
¡Salve, eterno invierno de prosas!
Mas, a tu regreso ya no está el lis.

Las ramas mécense bullentes;
el frío vaga en la seda sutil
del lecho de este pájaro gentil,
nido do yacía el amor ardiente,
que con la caricias prendía el fuego,
puesto en la copa que bebiera luego,
calor del nimbo de su frente.
Fané y mojado el pájaro cantor
en el ramaje fresco calla el canto.
Ruge el cielo en estruendo y lampo
Al martilleo del robusto Thor;
son relámpagos auroras que explotan
al martillar del germano vigor,
y los viento, raudos silfos que azotan
las gotas que son rocíos de rosas
del vítreo rosal que suena el tris
¡Salve, eterno invierno de prosas!
Mas a tu regreso ya no está el lis.

El gotear, tamboril de vidrio,
son estridente, triste son sin lirio.
El templo de esa Diana alabastrina
ya no está en invernáculo tibio,
no está su cítara, no está su vino.
¡Oh, corazón insensato y soberbio!
Mira allí, a mi flanco, se ha ido.
¡Bravo tigre, niño sollozo,
posa el garbo, zarpa goloso,
olvida su melódico latido!

Ya rompe en luces, el éter nublado,
con lumbre lánguida prende el iris,
flores de una gloria glorieta.
Aquí sólo yace un amado,
triste gorrión que pide la saeta,
el brío, la fuerza, sansón poeta.
Ya sin la lluvia, los cantores
se alzan alto, en vuelos celestes,
revolando, trinando sus candores.
¡Qué venga mi nodriza musa,
bríndeme bella el arte puro,
para rasgar esta seda confusa,
con un primaveral conjuro;
que traiga el sahumar espeso,
como aroma que trae un beso
de los bosques de aquellas ninfas
desnudas, de marfil, llenas de amores.
Yo cantaré en las verdes cintas
bardos cantos llenos de primores!
Suelos húmedos huelen a pasado,
vestigio de una Venus en vapores.
Aquí sólo yace un amado,
el jardín que perdió una flor hermosa
antes de volver el invernal tapiz
¡Salve, eterno invierno de prosas!
Mas a tu regreso ya no está el lis.
 
En esta mañana lluviosa,
sombras se vierten como cristal roto;
el matinal se ha ido en el torrente,
junto con la tez del suelo feraz
se ahoga, él, su esplendor luciente.
Flora se empapa de un acuoso barniz,
que viene de etéreo sollozar
…ha regresado el invierno feliz,
Con capa nebulosa e imperial
¡Salve, eterno invierno de prosas!
Mas, a tu regreso ya no está el lis.

Las ramas mécense bullentes;
el frío vaga en la seda sutil
del lecho de este pájaro gentil,
nido do yacía el amor ardiente,
que con la caricias prendía el fuego,
puesto en la copa que bebiera luego,
calor del nimbo de su frente.
Fané y mojado el pájaro cantor
en el ramaje fresco calla el canto.
Ruge el cielo en estruendo y lampo
Al martilleo del robusto Thor;
son relámpagos auroras que explotan
al martillar del germano vigor,
y los viento, raudos silfos que azotan
las gotas que son rocíos de rosas
del vítreo rosal que suena el tris
¡Salve, eterno invierno de prosas!
Mas a tu regreso ya no está el lis.

El gotear, tamboril de vidrio,
son estridente, triste son sin lirio.
El templo de esa Diana alabastrina
ya no está en invernáculo tibio,
no está su cítara, no está su vino.
¡Oh, corazón insensato y soberbio!
Mira allí, a mi flanco, se ha ido.
¡Bravo tigre, niño sollozo,
posa el garbo, zarpa goloso,
olvida su melódico latido!

Ya rompe en luces, el éter nublado,
con lumbre lánguida prende el iris,
flores de una gloria glorieta.
Aquí sólo yace un amado,
triste gorrión que pide la saeta,
el brío, la fuerza, sansón poeta.
Ya sin la lluvia, los cantores
se alzan alto, en vuelos celestes,
revolando, trinando sus candores.
¡Qué venga mi nodriza musa,
bríndeme bella el arte puro,
para rasgar esta seda confusa,
con un primaveral conjuro;
que traiga el sahumar espeso,
como aroma que trae un beso
de los bosques de aquellas ninfas
desnudas, de marfil, llenas de amores.
Yo cantaré en las verdes cintas
bardos cantos llenos de primores!
Suelos húmedos huelen a pasado,
vestigio de una Venus en vapores.
Aquí sólo yace un amado,
el jardín que perdió una flor hermosa
antes de volver el invernal tapiz
¡Salve, eterno invierno de prosas!
Mas a tu regreso ya no está el lis.

el lis... que profundo poema, grato leerle
 

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