babiano
Poeta fiel al portal
Si lamemos este silencio de la habitación
se nos hiela la lengua.
Perderemos el tiempo y los papeles,
el color amarillo de la vejez
que nos va absorbiendo,
las mil veces que morimos cada día,
como si nada,
como el pequeño milagro del grillo
que sobrevive al hielo.
Este silencio es para acostumbrarse.
Sucede pocas veces.
Sobrevivo y mancho lo que me dejan.
Hielo,
y hago mucho frío
y lo ensucio todo de un blanco de fruta consumida,
algo así como un invierno de ciudad
o la luz nocturna que consigue recordarte
llena de voces.
Te dejo una pequeña huella de nieve.
Y tú la hueles allá a lo lejos,
la doblas,
te arropas con ella,
y haces frío muy en el fondo,
en ese silencio sucio de cigarras
que anida en los rincones,
en el orden forzoso de la habitación
que nos desnuda
y nos apaga las luces
y nos coloca debidamente el amanecer
a los pies de la cama.
se nos hiela la lengua.
Perderemos el tiempo y los papeles,
el color amarillo de la vejez
que nos va absorbiendo,
las mil veces que morimos cada día,
como si nada,
como el pequeño milagro del grillo
que sobrevive al hielo.
Este silencio es para acostumbrarse.
Sucede pocas veces.
Sobrevivo y mancho lo que me dejan.
Hielo,
y hago mucho frío
y lo ensucio todo de un blanco de fruta consumida,
algo así como un invierno de ciudad
o la luz nocturna que consigue recordarte
llena de voces.
Te dejo una pequeña huella de nieve.
Y tú la hueles allá a lo lejos,
la doblas,
te arropas con ella,
y haces frío muy en el fondo,
en ese silencio sucio de cigarras
que anida en los rincones,
en el orden forzoso de la habitación
que nos desnuda
y nos apaga las luces
y nos coloca debidamente el amanecer
a los pies de la cama.
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