joblam
Poeta que considera el portal su segunda casa
El mar arrastra tus palabras al vaivén de las olas;
convertidas en badajos: un eco a cuatro vientos.
En mi rostro con sorpresa, génesis del desaliento,
el escudo del silencio dejó caer tu aureola.
Los filos punzantes royeron el barquito de papel;
náufrago vi pasar imágenes de arena y espuma.
Sin aliento, desanimados, bañados en bruma,
los recuerdos van en desbocado llanto en tropel.
Contando con el tiempo de testigo y aliado
amainó la tormenta más temprano que tarde;
una estrella rutilante que en mi pecho arde
por ti, por tus besos, un amor desesperado.
Tu retorno arrepentido lastima más la herida
y un terco corazón desdeña al ver tu sonrisa.
Tu velamen hecho trizas no sustenta la brisa;
en mis dedos, en mi regazo, ya no tienes cabida.
En el norte tus promesas son de un sur lejano;
frías gotas de llovizna cabalgando el mar azul.
Olvidaré en mi otoño tus suaves caricias de tul
y dejaré que en invierno mis manos sean verano.
Bienvenida soledad con marejada de melancolía;
un fuerte oleaje de alabanza llenó la primavera,
en la última pleamar de una lánguida espera
levé el áncora amándote aún en demasía.
convertidas en badajos: un eco a cuatro vientos.
En mi rostro con sorpresa, génesis del desaliento,
el escudo del silencio dejó caer tu aureola.
Los filos punzantes royeron el barquito de papel;
náufrago vi pasar imágenes de arena y espuma.
Sin aliento, desanimados, bañados en bruma,
los recuerdos van en desbocado llanto en tropel.
Contando con el tiempo de testigo y aliado
amainó la tormenta más temprano que tarde;
una estrella rutilante que en mi pecho arde
por ti, por tus besos, un amor desesperado.
Tu retorno arrepentido lastima más la herida
y un terco corazón desdeña al ver tu sonrisa.
Tu velamen hecho trizas no sustenta la brisa;
en mis dedos, en mi regazo, ya no tienes cabida.
En el norte tus promesas son de un sur lejano;
frías gotas de llovizna cabalgando el mar azul.
Olvidaré en mi otoño tus suaves caricias de tul
y dejaré que en invierno mis manos sean verano.
Bienvenida soledad con marejada de melancolía;
un fuerte oleaje de alabanza llenó la primavera,
en la última pleamar de una lánguida espera
levé el áncora amándote aún en demasía.
Última edición:
