pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Necesito tantas cosas
y solo tengo la vida,
inmensa,
como la nocturnidad para una nube
que se destaca en los cielos y no conoce
orillas a donde arrojarse
y empapar como granizo el lodazal
lamiendo los pies abatidos
que se dejan ser mecidos
por las suaves olas de la inconsciencia,
y siguen enviando, brazos más arriba,
cintura, torso y una sonrisa de bienvenida...
...uno, dos, tres... y más barquitos de papel
para que los pequeños castores
en el lejano Ontario de mi Canadá natal
los confundan con la madera de navíos
y quieran construir con sus tabloncillos de versos
sus madrigueras
con los 'te amo' y los 'te quiero',
para que no se sigan espejando en el piélago;
yo los observo
confiarse en su humilde archipiélago
y construir
la casa en el río donde te miro;
y mareo el reloj del tiempo para se quede en suspenso,
hipnotizo el péndulo del segundero
para seguiros viendo, —pequeños—,
mientras os invento nombres,
os araño y dibujo las caritas de ávidos soñadores,
os idealizo en avatares
y os regalo palabras, lenguaje;
también os entrego los emoticonos, corazones
y las pequeñas historias de amor,
convicciones, presagios e ilusiones;
os susurro mis veladas oquedades
para que las llenéis con las serranías
de vuestros dientecillos en formación
con que mordéis las vigas, traviesas y pilares,
y, alimentándoos de los afluentes de mis pensamientos
atrapados en redecillas y nasas de cabellos negros
aprendáis a maldeciros
mientras recibís la bendición
de un poema como este, enardecido,
y en un momento renazcáis humanos
y sepáis sobrevivir y suspirar,
pensar y hospedar,
como yo te hospedo, —alma mía—,
y sentir,
mientras sonreís al río
con vuestras pequeñas manos envueltas en barro
y vuestros caraduras incisivos,
lo que yo siento.

Necesito tantas cosas
y solo tengo la vida,
inmensa,
como la nocturnidad para una nube
que se destaca en los cielos y no conoce
orillas a donde arrojarse
y empapar como granizo el lodazal
lamiendo los pies abatidos
que se dejan ser mecidos
por las suaves olas de la inconsciencia,
y siguen enviando, brazos más arriba,
cintura, torso y una sonrisa de bienvenida...
...uno, dos, tres... y más barquitos de papel
para que los pequeños castores
en el lejano Ontario de mi Canadá natal
los confundan con la madera de navíos
y quieran construir con sus tabloncillos de versos
sus madrigueras
con los 'te amo' y los 'te quiero',
para que no se sigan espejando en el piélago;
yo los observo
confiarse en su humilde archipiélago
y construir
la casa en el río donde te miro;
y mareo el reloj del tiempo para se quede en suspenso,
hipnotizo el péndulo del segundero
para seguiros viendo, —pequeños—,
mientras os invento nombres,
os araño y dibujo las caritas de ávidos soñadores,
os idealizo en avatares
y os regalo palabras, lenguaje;
también os entrego los emoticonos, corazones
y las pequeñas historias de amor,
convicciones, presagios e ilusiones;
os susurro mis veladas oquedades
para que las llenéis con las serranías
de vuestros dientecillos en formación
con que mordéis las vigas, traviesas y pilares,
y, alimentándoos de los afluentes de mis pensamientos
atrapados en redecillas y nasas de cabellos negros
aprendáis a maldeciros
mientras recibís la bendición
de un poema como este, enardecido,
y en un momento renazcáis humanos
y sepáis sobrevivir y suspirar,
pensar y hospedar,
como yo te hospedo, —alma mía—,
y sentir,
mientras sonreís al río
con vuestras pequeñas manos envueltas en barro
y vuestros caraduras incisivos,
lo que yo siento.

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