Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
PERDONES
Detrás de la música
colgado en los percheros
que dejan abandonados timbales;
más allá, en los promiscuos baúles de la sala
donde aún danza
un aquelarre de mesas y botellas.
Cuando las mansos tejidos son lianas
alargando el imperio de las sombras,
en el fiero instante de la flama
elucubrando enigmática
la tragedia del incendio,
en la rugosidad de dos yemas atizando
el candor de un chasquido…
el silencio
cual niño
a escondidas juega;
no presiente
que el ruido
cizañero y lascivo
rencoroso y elástico,
irrumpirá su ámbito
desfogará su aliento.
Más en aquella alcoba
en medio
de la sofocación y el hastío,
detrás de los biombos que ocultan
la terca voracidad de la música…
el silencio,
el magnánimo silencio,
perdonará su osadía.
Detrás de la música
colgado en los percheros
que dejan abandonados timbales;
más allá, en los promiscuos baúles de la sala
donde aún danza
un aquelarre de mesas y botellas.
Cuando las mansos tejidos son lianas
alargando el imperio de las sombras,
en el fiero instante de la flama
elucubrando enigmática
la tragedia del incendio,
en la rugosidad de dos yemas atizando
el candor de un chasquido…
el silencio
cual niño
a escondidas juega;
no presiente
que el ruido
cizañero y lascivo
rencoroso y elástico,
irrumpirá su ámbito
desfogará su aliento.
Más en aquella alcoba
en medio
de la sofocación y el hastío,
detrás de los biombos que ocultan
la terca voracidad de la música…
el silencio,
el magnánimo silencio,
perdonará su osadía.
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