Inefable sentimiento sin comienzo ni final,
brisa embriagadora, soplo de estremecimiento, que siempre enamora.
llama eterna de cálido aliento,
donde siempre da cobijo, a los hermosos sentimientos.
Alma de música que emana sensaciones,
Deliciosa cadencia, a serenidad suena.
Hechizo de ternura,
surtido por dulces susurros sabor a canela.
Caricias de olor a mojado,
como agua de lluvia caída, en un campo de trigo dorado.
Epicentro de nuestra existencia,
desde donde sale la savia
que inyecta júbilo y sentido a la vida nuestra.
ANTONIO DEL CASTILLO
brisa embriagadora, soplo de estremecimiento, que siempre enamora.
llama eterna de cálido aliento,
donde siempre da cobijo, a los hermosos sentimientos.
Alma de música que emana sensaciones,
Deliciosa cadencia, a serenidad suena.
Hechizo de ternura,
surtido por dulces susurros sabor a canela.
Caricias de olor a mojado,
como agua de lluvia caída, en un campo de trigo dorado.
Epicentro de nuestra existencia,
desde donde sale la savia
que inyecta júbilo y sentido a la vida nuestra.
ANTONIO DEL CASTILLO
