Llegó el otoño,
las hojas caen, las lágrimas;
los suspiros, las esperanzas.
Cae también el interés,
la meta a que arribar el alma;
la ternura que al corazón sana.
Llegué tarde,
tal vez para empezar de nuevo;
para rememorar algo bueno;
para intensificar lo bello.
Continúan pasando los días,
tal vez decaimiento inoportuno;
los sones que producen errores;
pasos indecisos e imprecisos,
que dan lugar a inquietudes.
Sí, llegó el otoño;
con sus sinsabores y lamentos,
con sus secas hojas en el suelo,
con la aventura de llegar a puerto.
Y con él, llegó el estío su término;
tal vez templanza y constancia,
o quizás, un estado de ignorancia;
mas todo tiene para sí su término.
Y llegó el hábito y la lucha,
llegó el silencio que se oculta,
la mirada hacia el frente inconclusa,
el pensar en una vida pura y madura.
Mas llegó también la constancia,
el día a día que pasa y no acaba,
el despertar sin pensar en el mañana,
ya que es hoy cuando dejo mi alma blanca.
Llegó el otoño,
y con él también la ignorancia,
y con la ignorancia la voluntad,
ésa que da paso a una mejor estancia.
las hojas caen, las lágrimas;
los suspiros, las esperanzas.
Cae también el interés,
la meta a que arribar el alma;
la ternura que al corazón sana.
Llegué tarde,
tal vez para empezar de nuevo;
para rememorar algo bueno;
para intensificar lo bello.
Continúan pasando los días,
tal vez decaimiento inoportuno;
los sones que producen errores;
pasos indecisos e imprecisos,
que dan lugar a inquietudes.
Sí, llegó el otoño;
con sus sinsabores y lamentos,
con sus secas hojas en el suelo,
con la aventura de llegar a puerto.
Y con él, llegó el estío su término;
tal vez templanza y constancia,
o quizás, un estado de ignorancia;
mas todo tiene para sí su término.
Y llegó el hábito y la lucha,
llegó el silencio que se oculta,
la mirada hacia el frente inconclusa,
el pensar en una vida pura y madura.
Mas llegó también la constancia,
el día a día que pasa y no acaba,
el despertar sin pensar en el mañana,
ya que es hoy cuando dejo mi alma blanca.
Llegó el otoño,
y con él también la ignorancia,
y con la ignorancia la voluntad,
ésa que da paso a una mejor estancia.
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