Esa frase predilecta que me quita la emoción,
Ese llanto restringido que me hurta la desazón,
Pero yo sigo anhelando el alba esplendoroso
Para sucumbir a mi instinto y rechazar la decepción.
¡Ay! La indiferencia como mata el espíritu,
Abraza la amargura y reclama al rencor,
No se si es culpa mía, no se si es culpa de nadie,
Solo se que con creces pago la ruptura y el desaire.
Escondido en el rincón del infinito aguardo la vida,
Solo muestro aquellas muecas que no me define todavía,
Temo a tu mañana y huyo de tu presente,
Con desamparo miro el futuro y a tu destino adyacente.
Sabor de espanto es el que deja mi esperanza decaída,
Como si fuera ruptura, ni siquiera lo que es tu agonía,
Con el silencio de mi alma yo dejo todo escrito
Pero mi corazón reclama que le rinda un tributo.