Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi vocablo amoldado a tus dedos,
a la cruz de tus piernas furtivas,
se hace un todo al relieve desnudo,
sin saberlo se vuelve poesía.
Cuando el verbo caído de aromas
se le escapa a tus lirios colmados,
me conjugo presente a tu cuerpo
y rebroto de versos alados.
En tu boca el caribe se esconde
de arrecifes y peces plateados,
y el naufragio que causa mi origen
arremete a tus miembros besados.
Tu melena de pájaros mansos
me aprisiona ante el húmedo ambiente
con disparos de inviernos callados
me arrebata el puñal de la frente.
con zapatos de niños inciertos
que simientan senderos lejanos,
me dirijo a tus labios henchidos
de la miel que dispensan mis labios.
Con mis ojos doblados de ríos
en meandros de piel de gitana,
te disfruto de noches pequeña
como el vino que llega hasta el alma.
Atesora mis frases amada,
por si el sueño fragmenta el silencio,
y por nada me sueltes por nada,
cual si tú dependieras de ello...
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