por qué las mujeres siempre nos chingan

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa

te despiertas

abres los ojos
ves el techo
sientes la brisa del ventilador en la cara
y luego la opresión en el pecho
esa especie de rigidez
¿cuándo se acabará de ir?
te levantas
vas y echas una meada
te miras al espejo
"todavía me parezco"
vuelves a la cama
piensas
la última vez
¿por qué lloró ella?
¿le dolía dejarme?
¿o era sólo hacer teatro y después de separarnos
ya en el camión
se secó las lágrimas y se echó a reír?
piensas
igual mañana me habla
y me pide que volvamos
que lo pensó mejor
que no quiere nada más que a mí
nunca se sabe
te estiras y coges la cajetilla y el encendedor
sacas un cigarrillo
giras la piedra del encendedor
prendes el primer cigarrillo del día
das una calada
piensas
lo peor son estas putas ganas de coger
día y noche
las ganas de metérsela
de abrir su concha y chuparla
como un ostión
rozarla con la punta de la lengua
sorber sus jugos
maldita suerte
al final todo se reduce a lo mismo
tener un coño
no tenerlo
por eso siempre es uno el que las busca primero
por el coño
no por amor
o por esas pamplinas del corazón roto
así cuándo les gana uno
puta madre
aplastas lo que queda del cigarrillo en el cenicero
cruzas las manos detrás de la nuca
sientes la brisa del ventilador en la cara
en la calle suena un claxon
algún estúpido al que se le hizo tarde
ves el techo
cierras los ojos
los aprietas con fuerza
infructuosamente
porque
de todos modos
allí justo en medio de tu cabeza
como la boca entreabierta de un abismo que succiona
las últimas briznas de tu determinación de no llamarla
de no rogarle
de no pedirle que regrese y te imponga
a pesar de todo
las condiciones que se le antojen
-boda por la iglesia y casa y carro nuevos a su nombre-

está su coño





 

te despiertas

abres los ojos
ves el techo
sientes la brisa del ventilador en la cara
y luego la opresión en el pecho
esa especie de rigidez
¿cuándo se acabará de ir?
te levantas
vas y echas una meada
te miras al espejo
"todavía me parezco"
vuelves a la cama
piensas
la última vez
¿por qué lloró ella?
¿le dolía dejarme?
¿o era sólo hacer teatro y después de separarnos
ya en el camión
se secó las lágrimas y se echó a reír?
piensas
igual mañana me habla
y me pide que volvamos
que lo pensó mejor
que no quiere nada más que a mí
nunca se sabe
te estiras y coges la cajetilla y el encendedor
sacas un cigarrillo
giras la piedra del encendedor
prendes el primer cigarrillo del día
das una calada
piensas
lo peor son estas putas ganas de coger
día y noche
las ganas de metérsela
de abrir su concha y chuparla
como un ostión
rozarla con la punta de la lengua
sorber sus jugos
maldita suerte
al final todo se reduce a lo mismo
tener un coño
no tenerlo
por eso siempre es uno el que las busca primero
por el coño
no por amor
o por esas pamplinas del corazón roto
así cuándo les gana uno
puta madre
aplastas lo que queda del cigarrillo en el cenicero
cruzas las manos detrás de la nuca
sientes la brisa del ventilador en la cara
en la calle suena un claxon
algún estúpido al que se le hizo tarde
ves el techo
cierras los ojos
los aprietas con fuerza
infructuosamente
porque
de todos modos
allí justo en medio de tu cabeza
como la boca entreabierta de un abismo que succiona
las últimas briznas de tu determinación de no llamarla
de no rogarle
de no pedirle que regrese y te imponga
a pesar de todo
las condiciones que se le antojen
-boda por la iglesia y casa y carro nuevos a su nombre-

está su coño






Amigo José ellas lo valen todo, un beso, un abrazo, sus caricias, el éxtasis, así se vive, así se muere. Felicidades poeta, un abrazo. Acuerdate que unas van y otras vienen
 

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