rudyvaldenegro
Poeta recién llegado
El odio, serpiente arpía,
Alma de Caín, tempranamente emancipó
a los pueblos a atravesar
por los parajes del temor,
fue guiatoria tea de caravanas
por desérticas llanuras, por el vasto océano
de la debilidad humana y la abnegación.
Fue furioso por la tempestad,
látigo en mano,
rebelando a los ángeles de la trinidad.
Incitó a fundir el hierro en armaduras,
en espadas irascibles, en tenaces escudos,
inventó la guerra y halló en esto buen negocio.
Traficó con la muerte, conspiró con el verdugo,
vinculó a los desterrados, amotinó a los conscriptos,
sobornó a los paladines fieles de la justicia,
corrompió a la administración pública y civil,
levantó a nación contra nación,
indispuso a hermano contra hermano,
legisló a favor de múltiples privilegios,
privatizó los ejércitos y el Estado,
desarrolló en sus macabros laboratorios
sofisticadas máquinas para torturar,
embaucó a las cúspides del mundo
y halló también, en todo esto,
próspero poder.
El odio fue encarcelado por su rebelión,
y sentenciado, castigado
en su paupérrima prisión
urdió meticulosamente año tras año
la ira incontenible de su maldición,
y una vez liberado, cuando
se encendía la aurora de su ansiada venganza,
se dispuso a saborear gota a gota
la sangre, entre sus manos, de su detractor.
A un paso se está del odio al amor
en cuanto puede corromperse la bondad,
me privo, por mi parte, de esta
descarriada pasión, y al viento,
al olvido dejo mis penas y mi rencor.
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