Azoteas- una vida humanitaria -

Ricardo Alvarez

Poeta que considera el portal su segunda casa
Camino a la cúspide de las balanzas,
iba sosteniendo el color naranja del crepúsculo cuando perdió su paso de estrella ardiente al verano guillotinante y el gélido azul frío del invierno trasvasó su pecho piadoso/
En el delante de las falanges guerreras
ni un reino moría en sus torres de ahogado oxigeno/
El agua y las alas de los pájaros vivos aleteaban en vano su vuelo/
Sin ruido, en sigilo, penetré el bosque oscuro del gnomo,
su sombra pétrea, pérfida morada invadida de ortigas/

Fue un colosal emprendimiento para mis candores de manos tibias,
pero mis flores precipitaron su prematuro arrojo al rincón del combate
subiendo el pesado paso del peldaño/
El inocente río marrón destronaba los ocres ceibos sollozantes,
estrujando su lagrima de agitada marea camuflada/
Cuando levanté la tela de álamos con espejismo inflamado, la pústula secretó sus hedores, abrió sus cauces y secreto su suero venoso de muerte/
Su vidrio gallo de cresta asomó sus bordes oferentes
con la fauce oculta del subhumano maloliente,
como profeta en una calesita de muerte programada/

Anduve en mi paso denunciando su atropello,
en las campanas de las abadías y el oasis de los vanos destellos/
Corrí como menesteroso en imparical batalla al cerdo salvaje con un papel
mientras el colosal cuerpo citadino bruñia su fusil indolente,
y en la profundidad del agua verde regurgitó sanante mis costales/
Dejé el lastre de mis pasos vencidos al mármol absorbente de los celestes,
los verdes terciopelos hundían oscuras filigranas que recuerdo cada mañana de agua pura,,,
Fue la más oscura y desleal batalla que mi estructura ha resistido/
Pero aun me quedan intactas las jóvenes esperanzas que sigue mi camino
para batallar entre el cielo y la tierra, las libres azoteas balanceadas
de una justa vida humanitaria/
 
Camino a la cúspide de las balanzas,
iba sosteniendo el color naranja del crepúsculo cuando perdió su paso de estrella ardiente al verano guillotinante y el gélido azul frío del invierno trasvasó su pecho piadoso/
En el delante de las falanges guerreras
ni un reino moría en sus torres de ahogado oxigeno/
El agua y las alas de los pájaros vivos aleteaban en vano su vuelo/
Sin ruido, en sigilo, penetré el bosque oscuro del gnomo,
su sombra pétrea, pérfida morada invadida de ortigas/

Fue un colosal emprendimiento para mis candores de manos tibias,
pero mis flores precipitaron su prematuro arrojo al rincón del combate
subiendo el pesado paso del peldaño/
El inocente río marrón destronaba los ocres ceibos sollozantes,
estrujando su lagrima de agitada marea camuflada/
Cuando levanté la tela de álamos con espejismo inflamado, la pústula secretó sus hedores, abrió sus cauces y secreto su suero venoso de muerte/
Su vidrio gallo de cresta asomó sus bordes oferentes
con la fauce oculta del subhumano maloliente,
como profeta en una calesita de muerte programada/

Anduve en mi paso denunciando su atropello,
en las campanas de las abadías y el oasis de los vanos destellos/
Corrí como menesteroso en imparical batalla al cerdo salvaje con un papel
mientras el colosal cuerpo citadino bruñia su fusil indolente,
y en la profundidad del agua verde regurgitó sanante mis costales/
Dejé el lastre de mis pasos vencidos al mármol absorbente de los celestes,
los verdes terciopelos hundían oscuras filigranas que recuerdo cada mañana de agua pura,,,
Fue la más oscura y desleal batalla que mi estructura ha resistido/
Pero aun me quedan intactas las jóvenes esperanzas que sigue mi camino
para batallar entre el cielo y la tierra, las libres azoteas balanceadas
de una justa vida humanitaria/
Hermoso texto que atrapa en la confabulacion de unas experiencias
que se hacen reino de una desolacion para balancearse en los
sonidos de una necesidad. felicidades. luzyabsenta
 

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