Un soneto en endecasílabos mixtos, combinando acentos de los propios y de los sáficos.
Hablas de un alma atormentada por la ambivalencia entre su lujuria y su anhelo de elevarse en aromas de pureza, al menos eso es lo que yo deduzco. Bien, la lujuria no es ese pecado capital que la religión nos ha querido meter a la fuerza en nuestra conciencia, es un maravilloso don de los Dioses, para disfrutarla, y, a través de esos resplandecientes gozos, alcanzar la esfera donde nuestra humanidad se fusiona con la pizca de divinidad que esos Dioses colocaron en el ser humano. Por tanto, es compatible el deseo carnal, el placer derivado de su consecución, con el gozo derivado de la ternura y dulzura puramente espiritual (espiritual, matizo, no religiosa, que son cosas bien distintas), compatible y sano, y en esa fusión es cuando se alcanza el máximo nivel como seres dotados de consciencia absoluta, seres que pensamos en el más allá. La Musa de tu poema debe estar orgullosa de su feminidad y sexualidad, y caminar orgullosa, sin miedo "al que dirán", y desterrando las voces equivocadas de su propio interior.
Volviendo al soneto en sí mismo, te diré que para empezar con sonetos, lo has hecho muy bien, que tienes madera, y que, si te empeñas, irás perfeccionando la técnica, y llegarás a componer sonetos en los registros que desees, bien en endecasílabos propios, bien en sáficos. Mi consejo es, que al margen de eso, estudies el tema de las sinalefas. Una vez que logres determinar cuando una sinalefa es optativa u obligatoria, y logres conseguir una acentuación homogénea, hilvanarás sonetos de mayor altura. Mas, insisto, ya has logrado un muy buen soneto, y tienes mérito, pues te digo que mis primeros sonetos no alcanzaban la belleza que tú has insertado en el tuyo.
Por esa belleza, por tu esfuerzo, porque tienes sustancia poética, porque es muy meritorio lo que has hecho, yo te otorgo las estrellas del cielo eterno, que en sus luces sigas creciendo como poeta nato que eres. Y, además, por todo el conjunto, te otorgo la reputación merecida.
Un fuerte abrazo, querido amigo.